Crónicas chilangas
por angel_negrete 17 de agosto de 2010
Divertida, loca, superficial, irreverente, absurda, tonta, inverosímil, insulsa, ingenua, atrevida, irrespetuosa, complaciente, y demás adjetivos se pueden atribuir a Crónicas chilangas (México-2008); pero, ¿hay una que la defina en una sola palabra? No. Crónicas chilangas es una cinta que tiene su potencial definido en todo, y en nada; por principio de cuentas, porque pretende cautivar al cine-espectador sin empalagarlo con temas edulcolorados; ni estresarlo con argumentos densos; pero arriesgándose a la vez, para muestra, el mismísimo Polo Polo en la trama.
Tan simple como lo anterior, Crónicas chilangas, es una divertida historia que no pretende enarbolarse de nada ni de nadie. Si lo consigue o no, eso ya es problema del cinéfilo, puesto que los elementos están dados desde un inicio. Si lo anterior es aceptable, viene definido desde la simple concepción de ese ser tan autónomo -menos y des preciado hoy como siempre-, llamado chilango. Realmente no hay una acepción definitoria del concepto en la cinta; pero sí en el entramado general. El chilango es chilango, la visión del provinciano es su visión; y las historias que ellos viven nos pueden parecer exageradas; pero en la ciudad más grande del mundo pueden pasar, y allí se desmarcan las historias de estos personajes convirtiéndose en verdaderas crónicas.
Cuenta las aventuras de tres personajes cuyo denominador común es tener una fuerte obsesión. El Jairo (Pablo Abitia) es un joven esquizofrénico que cree en presencias extraterrestres y se siente llamado a combatirlos. Por su parte, Claudia (Regina Orozco) es una mujer con sobrepeso y un gran gusto por la pornografía, hecho que le acarrea una serie de conflictos. Finalmente, tenemos a Juvencio (Patricio Castillo), un viejo maestro jubilado cuya mayor preocupación es el futuro de su hija cuadrapléjica sin la asistencia de él o su esposa Anita (Isela Vega).



