'El accidente de piano' - La protegida de Dupieux
Viendo 'El accidente de piano' he tenido una sensación extraña: La de estar viendo una película, y no un chascarrillo. Una película hecha y derecha, y no una sucesión más o menos afortunada de sketches que, desde la distancia, puedan aparentar ser una película. Una sensacíón extraña, dado que hablamos de Quentin Dupieux, el rey del chascarrillo.
Lo que suelen ser las películas del responsable de 'Wrong', 'Wrong Cops', 'Bajo arresto', 'Increíble pero cierto', 'Fumar provoca tos' o 'Yannick'; una sucesión más o menos afortunada de sketches que a menudo no dejan más poso que el de una sonrisa pasajera y efímera. Salvo excepciones, relativas excepciones más logradas o sustanciosas como pueden ser (o no) las de 'Rubber', 'Réalité', 'La chaqueta de piel de ciervo', 'Mandíbulas' o 'El segundo acto'.
A ojo, mitad y mitad. Medio medio. 'El accidente de piano' es, obviamente, una de estas relativas excepciones en donde la gracia está envuelta en lo que además de parecerlo, también se comporta como una película que pueda circunvenir el "onlyfans" que muchas veces son las obras de cineastas como Quentin Dupieux. El rey del chascarrillo.
Cineastas a menudo autocomplacientes y autoindulgentes que más que hacer cine, parece que demasiado a menudo están, simplemente, pasando el rato. Haciendo una película con la inercia de quien se va de vacaciones con amigos como Adèle Exarchopoulos o Sandrine Kiberlain. 'El accidente de piano', no obstante, es de las buenas: De las que parece que Dupieux ha rodado de propio, y no aprovechando que ya puestos, estaba de vacaciones.
Sin dejar por ello dejar de ser, por supuesto, "una de Dupieux".

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex








