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'La matanza de Texas 3D' - El pezón furtivo

Vía El Séptimo Arte por 30 de agosto de 2012
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Que una cinta como 'La matanza de Texas 3D' careciera de distribución en España resultaba sorprendente; no tanto por su -cuestionable- calidad, como por el concepto mismo que sustenta todo el proyecto: La taquilla. Esta secuela directa del filme original de 1974 es un proyecto 100% comercial. Un derivado del -excelente- remake producido por la Platinum Dunes de Michael Bay en 2004 en donde lo más emocionante, se pueden imaginar, es estar al tanto de si se les escapa un pezón a Alexandra Daddario o Tania Raymonde.

Este producto, por desgracia, es el ejemplo perfecto de un filme echado a perder por culpa de sus ansias industriales; de cómo unas exigencias comerciales pueden sumir en el miedo a una producción que, en suma, se muestra excesivamente timorata, desperdiciando así tanto su potencial como a su icono en favor una propuesta superficial, conformista e irrelevante.

Ante el potencial de la propuesta, que lo hay, se hace previsible la oración, y en manos de alguien como Rob Zombie podría haber salido algo realmente interesante (como lo era su 'Halloween' de 2007). O en las de Marcus Nispel, director del remake de 2003 o del de 'Viernes 13' estrenado en 2009. O en las de cualquier director amante del género que se les pueda venir a la cabeza. Cualquiera de esos cuyos nombres son desconocidos entre el público de los multicines pero que, en territorio comanche, son recibidos como auténticos gurús (por ejemplo Adam Green, el de 'Hatchet').

Sin embargo, el proyecto ha caído en manos de John Luessenhop, no más que un profesional que se limita a hacer su trabajo de forma correcta (aunque al menos sin depender del 3D...), que viene por sí mismo a decir mucho (o poco) en favor de las ambiciones de un proyecto corriente, de relleno, alimenticio, y que vive de la belleza de los cachos de carne que la protagonizan (¡entre ellos el hijo de Clint Eastwood!). Eso sí, en su favor no me morderé la lengua en señalar que contiene un final muy valiente... para los cánones del cine comercial, si bien sus posibilidades, una vez más, queda diluido ante el miedo de ofender a una audiencia, dicen, ávida sólo de palomitas.

Sus responsables sin duda deberían de haber aprendido de Sam Raimi, quien vio claro el camino a seguir cuando apadrinó el remake de su propia 'Posesión infernal'. Ni Raimi ni el que fuera su director, Fede Álvarez, son tontos y acertaron de pleno al tratar (y lograr) posicionar a esta reciente joya en un punto intermedio entre el respeto y la valentía, entre el pasado y el futuro.

 

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

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