Es hora de tronear
A pesar de mi predilección por la ciencia-ficción en el cine, 'TRON' llegó no hace mucho a mí con el visionado de su primera película, considerada mítica, aunque a mí no me hizo especial tilín. Aún así, me dejó lo suficientemente satisfecho con su mundillo retro-futurista para darle una oportunidad a su secuela que vino en 2010 y que me dejó con mejor sabor de boca pues lo que se perdió en universo retro-futurista se ganó en una historia más sólida y supo como sacar una nueva trama de la nada ya que la primera era autoconclusiva.
15 años después, desde luego que se toman su tiempo, vino una tercera entrega en el que se olvidan de gran parte de lo sucedido en 'TRON: Legacy', más allá de alguna referencia y una promesa que no sé si llegará a algún sitio visto como ha ido esta que ha recaudado por debajo de su presupuesto. Así pues, 'TRON: Ares' parte prácticamente de cero en el que la empresa Encom lo dirige ahora las hermanas Kim (ni rastro de Alan Bradley, como si se lo hubiera llevado el viento) y los Dillinger al fin se toman revancha tras una segunda parte donde su presencia fue meramente testimonial. Ahora llevan los rostros de Gillian Anderson y Evan Peters, madre e hijo que dirigen el cotarro empresarial.
Puse esperanzas en este filme viendo los precedentes positivos de la predecesora y lo que me he encontrado ha sido con un software mal implementado, casi que me esperaba a que Ares (Jared Leto) dijera en algún momento: "es hora de tronear".
Estoy totalmente a favor de que hayan recuperado el mundo retro-digital de la 'TRON' original, así como de varias referencias a Depeche Mode como mi grupo favorito que es; no obstante, no es suficiente. Durante buena parte del filme parecía que estaba viendo un videoclip de casi dos horas ya que la música compuesta con Nine Inch Nails aparecía y aparecía y volvía a aparecer. Han querido repetir la fórmula de músicos famosos como pasó con Daft Punk, pero esta vez se han pasado y terminan empachando, además que su calidad no llega ni mucho menos a niveles excelsos.
Da un poco de pena también ver a algunos miembros del reparto desaprovechados. Entiendo que un buen cheque es un buen cheque, solamente que aquí hay actores de gran nivel que pueden dar mucho más de lo que se les ve. El caso más palmario es de Gillian Anderson, quien interpreta a Elisabeth Dillinger y era un personaje con mucho potencial que termina teniendo unas cuantas apariciones peleándose con su hijo como si esto fuera "El diario de Patricia", programa en el que el hijo con mezcla de megalomanía y tontuna suprema habría pegado perfectamente. Me pregunto por otra parte si el papel de Cameron Monaghan no terminó perdiéndose en la sala de montaje.
No se inventan cosas raras y la historia mantiene una coherencia con lo visto en los otros dos filmes. Lo malo es que todo se ve tan simple sin matices en su narrativa que termina por perjudicar más que por beneficiar y no basta con mostrar mundos virtuales y vehículos de corte futurista.
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A pesar de mi predilección por la ciencia-ficción en el cine, 'TRON' llegó no hace mucho a mí con el visionado de su primera película, considerada mítica, aunque a mí no me hizo especial tilín. Aún así, me dejó lo suficientemente satisfecho con su mundillo retro-futurista para darle una oportunidad a su secuela que vino en 2010 y que me dejó con mejor sabor de boca pues lo que se perdió en universo retro-futurista se ganó en una historia más sólida y supo como sacar una nueva trama de la nada ya que la primera era autoconclusiva.
15 años después, desde luego que se toman su tiempo, vino una tercera entrega en el que se olvidan de gran parte de lo sucedido en 'TRON: Legacy', más allá de alguna referencia y una promesa que no sé si llegará a algún sitio visto como ha ido esta que ha recaudado por debajo de su presupuesto. Así pues, 'TRON: Ares' parte prácticamente de cero en el que la empresa Encom lo dirige ahora las hermanas Kim (ni rastro de Alan Bradley, como si se lo hubiera llevado el viento) y los Dillinger al fin se toman revancha tras una segunda parte donde su presencia fue meramente testimonial. Ahora llevan los rostros de Gillian Anderson y Evan Peters, madre e hijo que dirigen el cotarro empresarial.
Puse esperanzas en este filme viendo los precedentes positivos de la predecesora y lo que me he encontrado ha sido con un software mal implementado, casi que me esperaba a que Ares (Jared Leto) dijera en algún momento: "es hora de tronear".
Estoy totalmente a favor de que hayan recuperado el mundo retro-digital de la 'TRON' original, así como de varias referencias a Depeche Mode como mi grupo favorito que es; no obstante, no es suficiente. Durante buena parte del filme parecía que estaba viendo un videoclip de casi dos horas ya que la música compuesta con Nine Inch Nails aparecía y aparecía y volvía a aparecer. Han querido repetir la fórmula de músicos famosos como pasó con Daft Punk, pero esta vez se han pasado y terminan empachando, además que su calidad no llega ni mucho menos a niveles excelsos.
Da un poco de pena también ver a algunos miembros del reparto desaprovechados. Entiendo que un buen cheque es un buen cheque, solamente que aquí hay actores de gran nivel que pueden dar mucho más de lo que se les ve. El caso más palmario es de Gillian Anderson, quien interpreta a Elisabeth Dillinger y era un personaje con mucho potencial que termina teniendo unas cuantas apariciones peleándose con su hijo como si esto fuera "El diario de Patricia", programa en el que el hijo con mezcla de megalomanía y tontuna suprema habría pegado perfectamente. Me pregunto por otra parte si el papel de Cameron Monaghan no terminó perdiéndose en la sala de montaje.
No se inventan cosas raras y la historia mantiene una coherencia con lo visto en los otros dos filmes. Lo malo es que todo se ve tan simple sin matices en su narrativa que termina por perjudicar más que por beneficiar y no basta con mostrar mundos virtuales y vehículos de corte futurista.
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