'Daybreakers' - Got Blood?
Los vampiros siguen estando de moda. Más de un siglo ha transcurrido desde que el irlandés Bram Stoker popularizara un mito que, con todo lo que llevamos de tiempo, ha cautivado a incontables generaciones. Cabría interpretar este éxito imperecedero en base a unos esquemas que otorgan a los autores la libertad suficiente para indagar en diversos temas de calado más o menos universal, y normalmente de notable interés según la época en la que nos encontremos. El manidísimo enfrentamiento entre el bien y el mal, la ambición de la inmortalidad y la eterna juventud fruto del miedo a la muerte, la atracción con tintes eróticos hacia lo malvado... incluso la flamante y odiosa inculcación subliminal del "amo a Laura". Todo cabe entre estos colmillos dispuestos a darse un atracón de hemoglobina... y dinero.
Bajo esta reconfortante mezcla de libertad artística y complicidad con el público, no han sido pocas las cinematografías que han puesto sus ojos en esta temática con tal de aportarle una visión renovadora. O simplemente, para sacar tajada a su costa. Muy reciente es todavía el recuerdo de películas tan exóticas a nuestros ojos como la sueca 'Déjame entrar' o la coreana 'Thirst'. Ahora es el turno de Australia... desde las antípodas también se pide el turno de palabra. Y lo hacen los hermanos Spierig, dos cineastas que con su segundo largometraje confirman que conciben buenas ideas... pero también que acostumbran a perderse por el camino. Ya les sucedió esto en su debut, 'Los no muertos', infumable (aunque también con algunos ataques de genialidad que por gamberrismo y proximidad geográfica les situaba no demasiado lejos del primer Peter Jackson) combinación de extraterrestres y zombis... y algo parecido ocurre con 'Daybreakers'.
El punto de partida del filme es prometedor (que ya sea dicho, no es la primera vez que una asociación fraternal nos presenta a la humanidad como puro ganado... ¿recuerdan a los Wachowski?), abre un mar de posibilidades, y de paso deja latente que en el cine fantástico los muertos vivientes no tienen el monopolio en eso de mandar recaditos concerniendo temas socio-políticos. En esta ocasión se nos presenta un panorama que pone los pelos de punta no sólo por su dramatismo, sino también por sus varios puntos de intersección con nuestro mundo. ¿O es que acaso la escasez de sangre humana no es un reflejo de las crisis energéticas que amenazan con poner fin a nuestro acomodado nivel de vida? ¿Acaso el grupo de malvadillos oligarcas con Sam Neil al frente, no es una clara insinuación de que actualmente el sector privado está por encima de cualquier gobierno? El tipo de discurso que lleva pregonando George A. Romero desde hace mucho tiempo.
Pero Michael y Peter Spierig no son Romero, lo cual es motivo de alegría y desazón al mismo tiempo. Alegría por la frescura que obviamente cada vez más le cuesta encontrar al septuagenario realizador neoyorquino, y pena por la alarmante irregularidad de la pareja australiana. Así, a los estimulantes conceptos antes expuestos se suma el intento de introducir nuevas variables en el universo vampiresco, así como algunos momentos memorables que muestran ingenio y un singular sentido del humor (buenos son los ejemplos del prólogo, o el de la persecución de coches, en la que el conductor chupa-sangre debe hacer malabares entre mantener su coche en ruta y evitar ser chamuscado por los rayos de luz solar que se van filtrando en su vehículo).
Las buenas intenciones de los Spierig no obstante quedan diluidas por los constantes lloriqueos de Ethan Hawke, o por la poca solidez y fluidez que imprimen esos alocados hermanos a su producto. Pasados los primeros compases, el resto parece ir a la deriva, convirtiéndose 'Daybreakers' en un encadenado bastante inconexo de secuencias e ideas; algunas de ellas bastante lúcidas, otras directamente ridículas (en este aspecto, la película padece una aguda crisis de identidad, al no terminar de definirse ni como una propuesta sofisticada ni tampoco de serie B). A ello le sumamos la casi obligatoria culminación en un baño de sangre y disparos, lo mejor de una película canibalizada por este clímax que a pesar de no saber materializar del todo bien sus planes iniciales (por entregarse al final en demasía a los convencionalismos dictados por el nuevo Hollywood), en cambio sí será del agrado de los más incondicionales del (sub)género.

por Víctor Esquirol Molinas & Juan Pairet Iglesias
@VctorEsquirol / @Wanchopex
6/10
Si la película tiene cosas buenas: la historia es en cierta medida original, los efectos especiales destacan bastante, un buen reparto de actores. Pero todo eso desaparece por lo ridícula que es la película en todo momento y sobre todo aburrida, hacia tiempo que no deseaba tanto el final de la película (bueno me equivoco con "Millenium 3" también me paso). Nada mas se puede decir que no sea no recomendarla para nada.
Mi nota es de 5.
A mi me gustó, es entretenida... me parece muy original la forma que tiene de retratar una sociedad vampírica "civilizada", bastante realista. También me moló el detalle de los coches con protección "diurna" y esas cosicas. Tampoco es la madre de las pelis vampíricas, pero vamos, yo creo que merece la pena verla.
Ethan Hawke me encanta, y Willem Dafoe como siempre, también.
Spoiler
Nota: 6'5/10
Los vampiros es algo que lleva en el cine desde más de 100 años en el cine desde que empezaron con los cortometrajes hasta que entraron en los filmes con títulos como 'Nosferatu' o 'Vampyr, la bruja vampiro' y de ahí en adelante. De todos los conceptos de chupasangres que hemos visto, desde los más clásicos hasta dentro de tiempos modernos como 'Jóvenes ocultos', 'Blade', 'La reina de los condenados' o 'Déjame entrar', no recuerdo uno donde los vampiros estuvieran al mano de corporaciones y de todos los estamentos de la vida -y si lo hay, no lo he visto-.
'Daybreakers' toca este concepto en el que los vampiros se han extendido a lo largo y a lo ancho del globo debido a una plaga y cuanto mayor es el número de vampiros, mayor necesidad de sangre hay y, por lo tanto, llega a un punto crítico en el que los propios monstruos corren peligro de existencia debido a que cada vez hay menos humanos, por lo que hay una corporación donde el científico Edward Dalton (Ethan Hawke) busca un reemplazo para la sangre humana. La cosa es que Dalton es un vampiro que no quiere dañar al ser humano y reniega de beber su sangre, incluso siendo dañino para él. El azar lo pone en contacto con un grupo de gente que está cerca de tener una cura más que un reemplazo, entre los que está Willem Dafoe con un personaje apodado 'Elvis', vaya usted a saber por qué.
Todo esto como concepto está bien traído, aunque queda la sensación de que faltaba más tiempo para que hubiese entrado con mejor gusto y que la idea de una sociedad vampírica no se explora como debería, pasando pronto al protagonismo de Dalton y su propia trama que lo pondrá en contra de la propia empresa donde trabaja, de la que su jefe es Sam Neill interpretando a Charles Bromley (por supuesto, otro vampiro). Me habría gustado ver como funciona una sociedad donde la gente son no muertos, como deciden las cosas en las altas esferas o que leyes tienen y lo que se ve durante el tramo inicial sabe a poco.
Cuando entra en la trama con el personaje de Ethan Hawke mantiene interés por ver a facciones de resistencia contra la mayoría o la subtrama de Edward Dalton con su hermano Frankie (Michael Dorman) más la de Charles Bromley con su hija Alison (Isabel Lucas) y a veces durante esas secuencias tiene el impacto que busca. Sin embargo, nunca va mucho más allá y se queda en la superficie cuando con un poco más de exploración creo que este largometraje habría salido ganando, por lo menos para mi caso en particular. Podría haber sido una gran película de vampiros, pero se queda en un quiero y no puedo.
6