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'Un buen partido': Empate a cero

Vía El Séptimo Arte por 05 de diciembre de 2012

Imaginemos por un momento que hablamos de fútbol... ¿qué es un buen partido? Seguro que esta pregunta admite muchas y variadas respuestas de todo tipo, y seguro que la mayoría de ellas (por aquello de tener fe en la humanidad y bla bla bla) son muy válidas y compatibles por más que cada uno quiera ver el mundo a su manera y con sus propias palabras; y la verdad, lo más probable es que no haya una respuesta única e internacional a una pregunta tan difusa. Pero de lo que no hay duda es que, al margen de los colores a los que les dedicamos nuestra garganta los fines de semana, y en eso creo que estamos todos de acuerdo, cuando uno se sienta delante de la tele y ve un buen partido sabe que lo que está viendo es un buen partido. Porque un buen partido se siente. Porque un buen partido se disfruta. Porque un buen partido, ya sea o no nuestro equipo, es un buen partido y lo es al margen del resultado. Y todo esto es precisamente lo que no es 'Un buen partido', la película, donde lo mejor es cuando el árbitro pita el final y uno se siente ya libre de recuperar su vida sin cargo de conciencia alguno tras haber cumplido religiosamente con lo pactado (y en todo caso haberse enamorado una vez más de Jessica Biel).Escribir esta sopa de letras que algunos gustan de llamar crítica es como jugar al fútbol... o como hacer una película u otras tantísimas cosas en la vida: o te pones o no te pones, pero no hagas como que sí cuando en realidad es como que no... salvo que te obliguen las circunstancias o te paguen por ello. "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes" diría un fan de Star Wars por mucho que no sea lo mismo. La práctica hace al maestro, cada maestrico tiene su librico, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe... frases hechas que oímos y usamos incontables veces en otras tantas ocasiones. Efectivas, sencillas y muy prácticas que requieren de tan pocas explicaciones como ese "Vete a la mierda" tan castizo. Ya se sabe, porque el fútbol es así... y así lo digo todo sin decir nada, y encima quedo como un caballero en la portada del diario deportivo de turno. Chapeau, tanto como cuando un conocido te enseña un horrible cortometraje ante el que respondes con un simple "interesante" mientras te acaricias la barba con gesto de estreñido para disimular que estás buscando por donde salir de ahí.

Sí, me he tomado la medicación; no, no estoy divagando. Casi todo lo que he dicho en realidad tiene que ver a mi modo de ver con 'Un buen partido', el nuevo trabajo de un Gabriele Muccino quien para la próxima seguirá siendo el director de 'Siete Almas', o más le vale si quiere mantener el nombre que Will Smith le otorgó entre ésta y 'En busca de la felicidad' (película que por cierto no he visto, matiz 100% irrelevante). De igual manera que se nota cuando un jugador salta al campo con o sin ganas, cuando uno ve una película intuye -vamos a conceder el beneficio de la duda- si esta se ha hecho con o sin ganas, con o sin interés: por que les apetecía hacerla... o porque les pagan por hacerla. Podamos estar o no equivocados, cierto, pero por mucho que en rueda de prensa puedan argumentar lo contrario sus responsables técnicos no cabe duda que un planteamiento habla a menudo por sí solo, y según qué decisiones dejan en evidencia una actitud que en su versión más pobre, por lo general, tiene que ver con meter un gol y echarse atrás a defender el resultado... aunque sea desde el minuto 1 de juego y, peor aún, no se haya marcado gol alguno.

En 'Un buen partido' Muccino da la sensación, empleando símiles futbolísticos, de que sale a jugar durante la primera mitad, aquella durante la cual aún no se nota la presión de jugar contra el tiempo para conseguir un resultado favorable. Gerard Butler, capitán y estrella del equipo, pasea su carismático porte con la solvencia que en él es habitual y se basta para repartir el juego entre sus compañeros aunque, la evidencia ofende, no sea capaz de crear juego a la manera del crack que es Will Smith. La pelota circula con cierta fluidez y ronda los márgenes del área rival con frecuencia, y aunque no hay ocasiones de peligro uno siente que en cualquier momento puede llegar LA jugada... pero ésta no llega. Pasado el ecuador del partido y con el sonido del tic tac empezando a dejarse notar desde el banquilo Muccino, como buen italiano de nacimiento y quien sabe si (voluntariamente) influenciado por las altas esferas, decide que asegurar un punto es mejor que arriesgarse a perderlo, y le pide a sus jugadores, algunos de ellos (léase Uma Thurman) en el campo sólo para dar de que hablar a la prensa o perder algo de tiempo, que se echen para atrás y defiendan un empate a cero que permita salvar los muebles y sacar pecho durante la posterior rueda de prensa de un partido que al final de temporada ni él mismo recordará.

¿Ha quedado claro incluso para a los que el fútbol les resulta peor incluso que matar a un toro durante una corrida de toros? 'Un buen partido' no es una mala película... pero tampoco es buena. La práctica hace al maestro, y Muccino demuestra su experiencia filmando con cierta elegancia lo que bien podría valer para telefilme; cada maestrico tiene su librico, y Hollywood demuestra su solvencia a la hora de ofrecer una producción de estudio mil veces vista, ya sea en un campo de fútbol o cualquier otro fondo; y tanto va el cántaro a la fuente... que al final cansa, especialmente cuando uno ve, con frustración, que el equipo puede dar más de sí de lo que está dando sobre el campo, de que con un poco más de ilusión y asumiendo algún riesgo el juego podría lucir bastante más, lo suficiente como para que al final incluso el resultado sea lo de menos. Porque cuando vemos un buen partido, sea o no de nuestro equipo, lo disfrutamos y nos quedamos a gusto y orgullosos más allá de que al final el marcador marque dos dígitos... y si encima es a favor mejor que mejor, eso siempre. Pero lo que está claro es que, salvo gracias a un golpe de suerte (como tuvo el Zaragoza el pasado domingo en Mallorca), si uno juega a no ganar lo más probable es que pierda... o al menos nos deje con esa sensación.

Nota: 5

Por Juan Pairet Iglesias

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