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'Archenemy' - Yo soy Max Fist

Vía El Séptimo Arte por 12 de abril de 2021
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Una película de superhéroes distinta para un tipo de público diferente.

'Archenemy' no es desde luego una de superhéroes "como las de Marvel o DC", como tampoco 'Daniel no es real' era una película de género al uso. Adam Egypt Mortimer sigue buscando su lugar en el mundo con esta nueva producción independiente de bajo presupuesto y ansia por ser "diferente", de nuevo más voluntariosa que a la hora de la verdad, efectiva; de nuevo tan relativamente interesante como al mismo tiempo, más bien fallida.

Su punto de partida desde luego es muy estimulante: Un borracho afirma ser un superhéroe que ha perdido sus poderes al llegar a la Tierra. Por supuesto, nadie le cree. Lo que sigue, sin dejar de serlo, ya no lo es tanto; por un lado, porque la película no se centra tanto en él (y en ella) como en el joven (y su hermana) que digamos, cree en él. Como si en 'Hancock' el protagonista hubiera sido Jason Bateman en lugar de Will Smith o Charlize Theron.

La comparación, de hecho, puede ser oportuna si le quitamos los millones de presupuesto de diferencia: Max Fist viene a ser Hancock sin superpoderes, humor, despliegue alguno de efectos visuales o grandes escenas de acción, todo ello reemplazado en 'Archenemy' por socorrida animación en 2D. Pero, mientras Peter Berg tenía muy claro qué película quería y podía ser, lo que Mortimer tiene claro es qué película no quiere que sea.

Y es que por el otro lado, 'Archenemy' no tiene claro qué película ser. Está claro que pretende "ser diferente", pero no tiene nada claro cómo serlo. Así, queda una producción medio esbozada y deshilachada que amenaza o insinúa sin llegar a construir una verdadera alternativa. Es un punto de partida interesante, con un personaje interesante, que sin embargo no deriva en una película que sea interesante en la misma medida de ambos.

Ser diferente está bien; serlo por serlo, ya no tanto. Su relativa seriedad, ciertos clichés o el desaprovechamiento de sus elementos secundarios tampoco es que ayude. Uno quiere creer en Max Fist como cree en Superman, si bien no hay dinero que pueda enmascarar sus vergüenzas. El intento o la voluntad es apreciable, pero la película no encuentra ni el tono ni la forma que convierta dicha voluntad en algo que además de curioso, sea de provecho.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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