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'El testamento de Ann Lee' - La brutalista

Vía El Séptimo Arte por 11 de marzo de 2026
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Aunque sea cierto, comenzar haciendo hincapié en que se trata de "la nueva película de los responsables de 'The Brutalist'" le hace un flaco favor a esta 'El testamento de Ann Lee'. Dispara unas expectativas que, ya advierto, no se ven satisfechas. Aunque no se pueda decir que no sea por falta de voluntad...

De hecho, que pueda no cumplir con las expectativas que ella misma establece de inicio -con o sin el influjo de 'The Brutalist'- no la convierten necesariamente en una mala película. No es tanto que lo sea o no lo sea, como se trata de una obra sorprendentemente esquemática, desnortada, insípida y monótona.

A menudo, nada como hablar de uno mismo. 'El testamento de Ann Lee' es lo que me suele salir a mí cuando me meto en la cocina y me vengo arriba: puede que el resultado tenga, a priori, una textura parecida a la que debía tener... pero el sabor está lejos de ser el que debía. Es y no es lo mismo. Es, pero no es.

Aunque a diferencia de un servidor, Mona Fastvold sí sepa dirigir, la película con la que aspiraba a dar un golpe sobre la mesa (como el de Brady Corbet con 'The Brutalist') es un guiso sin sabor. A pesar de contar con ingredientes de calidad, el equivalente a los guisos de aquel popular a su pesar "arroz con cosas". 

A pesar de, por ejemplo, la entregada labor de Amanda Seyfried, ciertamente convencida de que este podría ser el papel de su vida. Sirva la triste ironía que donde de verdad destaca es en 'La asistenta', mientras que en la película sobre Ann Lee no deja de ser, a efectos prácticos, un ingrediente más del puchero.

Un puchero de buena presencia, muy parecido a lo que se supone que debe ser pero que carece de matices, carácter, textura o chispa. Uno asiste al visionado con la indiferencia de quien come sin apreciar los distintos ingredientes que conforman un potaje que no sabe mal, pero que claramente no dice nada.

Fastvold no acierta a impulsar un discurso que bajo su modélico envoltorio se torna en vacío, trivial, rutinario e insustancial; en una película poco sabrosa y aún menos nutritiva cuya propuesta escénica ni acompaña ni pone en valor sus innegables inquietudes artísticas; en una oración que cae en saco roto.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

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