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'Karateka' - El oro de Tokio

Vía El Séptimo Arte por 31 de enero de 2016
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¿Una película de karate en la que no se dan de hostias?

Un "kata" (y no una "cata") es una secuencia preestablecida de movimientos de defensa y ataque que se realiza simulando un combate contra uno o varios oponentes imaginarios. Una modalidad de karate en la que no, no hay hostias. Lo que para los profanos hace que se parezca más al ballet o la gimnasia rítmica que a lo que nos gusta entender que es el "karate", el "kung fu" y esas cosas.

En cualquier caso, todas las disciplinas mencionadas comparten una esencia fundamental: La búsqueda de la perfección a través de la repetición deliberada, el control corporal absoluto y la expresión artística. Una cuestión de balance, equilibrio, armonía. Que el que lo vea sin tener ni idea, lo vea... perfecto. No es lo que sucede con 'Karateka', un biopic que dista de ser... eso, redondo.

Bienintencionado y voluntarioso. Pero si bien amaga con alejarse del estándar, en especial en materia de dirección, termina siendo a la postre un biopic bastante convencional. Arrítmico e intermitente en su voluntad de abarcar de más, aunque acabe siendo de la misma manera superficial y de compromiso con la que se rellena tanto la lista de la compra como por inercia tantos biopics.

Biopics deportivos como 'Karateka', en los que desde el principio sabemos que todo acaba bien... para la protagonista, claro. Jugar con cartas marcadas exige algo más. Un "algo más" que asoma de vez en cuando, en especial de mano de Aritz Moreno, quien en ocasiones parece intentar aproximarse a títulos como 'Campeones'. Títulos que se lo toman (y creen) con más alegría y convicción.

No es que 'Karateka' no se lo tome con alegría y convicción. Es que a la hora de la verdad, ni desarrolla ni tampoco se centra en nada en particular. Las cosas van pasando, y los momentos cómicos y dramáticos se entremezclan como si unos y otros fueran (y dieran) lo mismo. Porque así está escrito. Porque es lo que pasó. Porque aquí se viene a ganar. No a participar, ni tampoco a jugar.

Pero a esta 'Karateka' le falta constancia, fuerza, determinación, armonía. Le falta ese plus de alegría y convicción que marque una auténtica diferencia entre verlo por la tele o en el cine. Sandra Sánchez gano, y Andrea Ros convence. Mis respetos. Pero a este intermitente, críptico y a la postre mecánico biopic le falta la rasmia y fe de ambas para imponerse. Para vencer, y además convencer.

Para convertir una victoria respetable... en un triunfo emocionante.

 

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

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