'Los miserables' - Sueños de gran película
'Los miserables' según Fred Cavayé es una vistosa superproducción de época donde prima el ritmo y el espectáculo por encima de la profundidad o la complejidad, tan orgullosa de su francesidad como considerada con el original que adapta de una forma tan sólida como relativamente ligera.
No dejan de ser -casi- tres horas durante las que uno no puede evitar batallar con el recuerdo de versiones anteriores, musicales o no. Cierta sensación a déjà vu que casi compensa su inmaculado acabado visual o la sólida presencia de intérpretes como Vincent Lindon, Tahar Rahim o Camille Cottin.
Cierta sensación a déjà vu que casi compensa la imponente banda sonora de Christophe Julien, la minuciosa recreación de las calles del París de la época, o su vibrante clímax durante la insurrección de junio de 1832 (y que al igual que la obra original, resuena con fuerza en el contexto social actual).
Casi... compensa. Cavayé apuesta con decisión por un ritmo impetuoso lleno de persecuciones y conflictos activos, sacrificando gran parte de la densidad moral y la rica introspección psicológica de la historia. No dejan de ser -casi- tres horas durante las que uno no puede evitar batallar... con su cabeza.
No deja de ser una gran producción necesitada, a partes iguales, de cariño y de respeto; de un gran espectáculo de corte clásico que en el buen nombre de Víctor Hugo, a menudo tiende a un maniqueísmo excesivo, tan rígido que puede llegar a rozar lo caricaturesco para el espectador de hoy en día.
No por ello (ni por sus -casi- tres horas de duración) deja de funcionar con la solvencia de la que tanto presume (y se enorgullece), si bien, en su socorrido academicismo institucional arriesga muy poco, derivando en una propuesta tan sumamente correcta como en última instancia, impersonal.
Esto es, 'Los miserables' de Fred Cavayé falla a la hora de convertirse en la versión definitiva de una historia que tanto resuena, como tanto cuesta arrebatársela a Víctor Hugo. Por más que luzca tan bien, por más que en su orgullosa francesidad no se haya reparado más que en valentía.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



