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'Malos tiempos en El Royale' - Royale con queso

Vía El Séptimo Arte por 15 de noviembre de 2018
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"Pregunta de examen, listillo", le espetaba Dennis Hopper a Keanu Reeves en la primera entrega de 'Speed', película de acción que aún hoy en día funciona a las mil maravillas. Básicamente, porque no se pasa de lista. Al contrario. Una película que hoy en día hubiera sido objeto de mofa resuelta, a diferencia de 'Serpientes en el avión', con la mayor de las dignidades y una férrea y sobria voluntad de hacérselo pasar bien al espectador.

Drew Goddard juega a ser como Quentin Tarantino en 'Malos tiempos en El Royale', película en la que "se pasa de listo". El ingenio juguetón no apto para todos los públicos de 'La cabaña en el bosque' deja paso al nuevo juguete del que ahora bautizaríamos como "un listillo" en un sentido no necesariamente negativo, pero tampoco, ni por asomo, en el mejor de los posibles. El nuevo juguete de alguien que se cree más importante que el propio juguete.

Como si Andy fuera el protagonista de 'Toy Story', Goddard no acierta a dejar que 'Malos tiempos en El Royale' sea la buena película que podría ser, y que de hecho, a ratos, la mayor parte del tiempo, es. Un "juguete", carne de cañón para empalmados precoces, lastrado por la falta de medida de un guionista y realizador tan ensimismado con su obra que, parece, es la sensación, no ha sido capaz de ver sus imperfecciones y debilidades.

Drew Goddard juega a ser como Quentin Tarantino, aquel Tarantino incluso en lo malo: Un exceso de metraje que le resta intensidad y ritmo a una historia que requería de una mayor intensidad y ritmo. Restar quince o veinte minutos, por ejemplo todos sus innecesarios flashbacks, y la diferencia podría haber sido notable. Concentrar la acción allí dónde acontece, en El Royale. Acorralar a la historia como a los personajes allí acorralados.

También sustituir a Dakota Johnson por una actriz con las mismas ganas de participar que los demás, prescindir de un tono melodramático tan poco sociofestivo y haber rediseñado un clímax que carece de la elegancia de buena parte del resto de metraje. Y habríamos salido ganando todos; el primero, la propia película. Una película lastrada por la sensación de que es una película de Drew Goddard antes que una película a secas.

Esa sensación es para mí, la explicación del por qué 'Pulp Fiction' es una obra maestra y el resto de películas de Tarantino no. También, el por qué 'Malos tiempos en El Royale' es una experiencia tan disfrutable como frustrante: No hay escena, por muy buena que sea, en la que no sientas el orgullo, como un hedor artificioso, de quien antes que una rato divertido te está vendiendo a sí mismo como un estupendo autor.

Sé que es una sensación difícil de cuantificar, como lo es y/o debería de serlo calificar a alguien de "listillo". Porque como podemos apreciar en 'Malos tiempos en El Royale', Goddard no es un estúpido haciéndose pasar por listo, sino una especie de Sheldon Cooper. Tanto es el orgullo que ha sentido por su criatura, que este otro Goddard, como tantos otros padres, no ha querido que sea conocido como persona, sino tan sólo como su hijo.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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Comentarios

  • Avatar de KellerDover
    KellerDover 22 de Noviembre de 2018, 01:03:21 am
    Ñññññeeeea.... muy mejorable.
    Me recuerda demasiado, y para mal por supuesto, a 'Los odiosos ocho'. Tanto personaje pinturesco, tanto flashback innecesario, tanto barrullo de diálogos entre alguna buena pincelada... Este no es el camino Goddard.

    Y si, me he quedado embobado como cualquier persona de este mundo (sea de esta acera, de esa o de la de más allá) con los abdominales de un Hemsworth que disfruta con su papel. Y sí, me ha asombrado desde la primera y divertida escena la actuación del hijo de Bill Pullman. Y el papel de la joven Spaeny me ha parecido tan atractivo y odioso como querían que fuese. Y Jon Hamm, que... joder, es Jon Hamm.

    Pero también tenemos a la Dakota, que no sabe si es del sur o del norte. Y a Cynthia Erivo cantando en una larguíiiiisima escena, y luego en otra, y en otra... Cualquiera en la sala de montaje se habría dado cuenta de que sobra exagerados minutos de metraje. Y que las escenas, unas mejores y otras peores, están todas enlazadas con música sesentera-setentera-ochentera, porque mola mazo llenar de canciones una película. Y llegado el final me preguntaba si no era todo un musical encubierto.

    Y la van a comparar con las de Tarantino la mitad de los que la vean. Tiene diálogos y escenas y personajes y BSO molones y originales, pero va y nos intenta vender la historia con seriedad a través de una narración seca y estiradísima. Es un film que se emboba en sus contemplaciones. En cierto punto me ha recordado a 'Ases calientes', película en la que una serie de tramas un tanto enrevesadas se van enlazando hasta cruzarse todas simultáneamente en un edificio. Y entonces empezaba la "ensalada de tiros". Me gusta esa peli porque sabe lo que el espectador espera, y se lo da. Aquí en cambio parece querer acabar su obra reflexionando sobre dios o yo que sé. El caso es que Goddard se ha quedado en sus trece, y ha seguido con su sermón. Y por supuesto, Erivo ha vuelto a cantar.

    5.5
  • Avatar de Wanchope
    Wanchope 22 de Noviembre de 2018, 10:30:50 pm
    En cierto punto me ha recordado a 'Ases calientes', película en la que una serie de tramas un tanto enrevesadas se van enlazando hasta cruzarse todas simultáneamente en un edificio. Y entonces empezaba la "ensalada de tiros". Me gusta esa peli porque sabe lo que el espectador espera, y se lo da.

    Joe Carnahan tiene más experiencia y menos orgullo.

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