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'Ramy' (T3) - Fe, caos y vida moderna

Vía El Séptimo Arte por 09 de julio de 2023
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'Ramy' es una especie de cruce entre 'Atlanta' y 'Master of None' servido con mucho tacto, intención, inteligencia, mala leche y elegancia por Ramy Youssef. El agua moja; el cielo es azul. Y la 3ª temporada de 'Ramy' no hace sino aplastare cualquier mínima duda y reafirmar las bondades de una estupenda serie que a la tercera se consagra como "must see".

Permítame que insista: lo de Ramy Youssef recuerda mucho a lo de Aziz Ansari. Ambos se dedican principalmente a la comedia en vivo, orbitan en torno a Nueva York y son norteamericanos de nacimiento pero descendientes de inmigrantes indios y egipcios, respectivamente. Además, a los dos les gusta indagar en el desconcierto vital contemporáneo.

El mismo tipo de serie sobre la vida moderna. En 'Ramy' con un humor existencialista, controversia moral y contenido racial más marcados (como lo estaba en la de Donald Glover). El contraste entre lo tradicional y lo moderno, el pasado y el progreso visto por un 'millenial' y su séquito a medio camino de opuestos y extremos que tienden a chocar.

'Ramy' invita a la reflexión a través del humor, destilando una gran dosis de seriedad de forma cotidiana y distendida, pero a la vez con una incisiva inocencia llena de perspicacia y mala uva. Es una constante contradicción en sí misma, como lo es esa vida a la que representa con tanta aparente fidelidad como a su vez, una ácida y compleja sencillez.

Es evidente que al igual que Ansari, Youssef vuelca sus experiencias e inquietudes en esta serie de diálogos mordaces y toque cotidiano que enamora por su fe en que no hay drama -ajeno- que no pueda equilibrarse con una sonrisa. Es la medida del que aprende y/o está obligado a remar sobre la corriente. No hay mayor drama que perder el sentido del humor.

Pero Youssef, además, y al igual que Donald Glover en 'Atlanta', amplia su visión y le dedica episodios y muchos minutos a los demás miembros de "su familia"; una suma de vivencias que refuerzan una mirada poliédrica y en constante evolución sobre perderse en un mundo globalizado y caótico y las dudas sobre nuestra propia condición humana.

Todo ello desde una fe, tradiciones y creencias religiosas que cada vez parecen quedar más en fuera de juego en el mundo "civilizado". El conflicto (o combate) de la fe con el progreso, entendido como un problema humanista y a pie de calle que nos hace mejores o peores para nuestro entorno más cercano, es la constante de esta divertida y adictiva serie.

Es la estimulante riqueza de 'Ramy', que combina la comicidad racial de Ansari y la narrativa social de Glover con su propia visión (terrenal pero divina) de la fe. Una combinación irresistible y a la postre contundente servida en sesiones de poco más de 30 minutos que engancha por lo mismo que lo hacen todas las (buenas) series sobre "la vida moderna".

Esto es, por lograr que lo complejo parezca tan sencillo y lo anecdótico pueda ser tan significativo, sin perder nunca ese agudo sentido del humor que nos mantiene con aire en un mundo tan de nadie, y a la vez tan de todos. No es fácil encontrar nuestro lugar en el mundo o saber quiénes somos. De lejos, no tanto como creer en una serie como 'Ramy'.

Una estupenda serie como 'Ramy' que se ha ganado su lugar en el cielo, memoria y corazón seriéfilos. En los míos, desde luego.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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