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'Ramy' (T2) - Fe en el caos (de la vida moderna)

Vía El Séptimo Arte por 05 de agosto de 2020
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Vuelve 'Ramy', el cruce entre 'Atlanta' y 'Master of None' servido con mucho gusto, intención y elegancia por Ramy Youssef. El agua moja, el cielo es azul. Y la 2ª temporada de 'Ramy' no hace sino apuntalar las bondades de una serie que al igual que las mencionadas, pone en duda aquello de que segundas partes nunca fueron buenas.

Decía a finales de 2019, y repito ahora a mediados de 2020 que lo de Ramy Youssef recuerda mucho a lo de Aziz Ansari: Ambos se dedican principalmente a la comedia en vivo, ambos orbitan en torno a Nueva York, y ambos son norteamericanos de nacimiento pero descendientes de inmigrantes indios y egipcios, respectivamente.

Y una tras otra son -por ahora- dos. El mismo modelo de serie vertebrado en torno a más de lo mismo, la vida, si bien con un contenido racial más marcado (como lo estaba en lo de Donald Glover): El contraste entre lo tradicional y lo moderno desde el punto de vista de un 'millenial' con un pie en dos culturas más bien opuestas que tienden a chocar.

'Ramy' invita a la reflexión a través del humor, destilando una gran dosis de seriedad de forma cotidiana y distendida pero al mismo tiempo, con una inocencia llena de sentido y mala uva. Es casi una contradicción en sí misma, como lo es esa vida a la que representa con tanta aparente fidelidad como a su vez, una ácida y compleja sencillez.

Es evidente que al igual que Ansari, Youssef vuelca sus experiencias e inquietudes en esta serie cuyo toque cotidiano enamora, en base a que a no hay drama -ajeno- que no pueda ser equilibrado con una sonrisa. Es la medida del que aprende o está obligado a remar sobre la corriente, del no hay mayor drama que perder el sentido del humor.

Pero Youssef, además, y al igual que Donald Glover en 'Atlanta', amplia su visión y le dedica varios capítulo a los demás miembros de su familia: Una suma de historietas que refuerzan una mirada siempre en expansión de lo que supone estar perdido en una globalización que nos hace dudar de nuestra condición de seres de luz y sombras.

En especial, y de forma recurrente desde una creencia religiosa que como la Monarquía, cada vez parece tener menos hueco en el mundo moderno. El conflicto de la fe con la realidad, entendido como un problema humanista y a pie de calle que nos hace mejores o peores para nuestro entorno más cercano, es la constante de esta aún más agridulce temporada.

Es la estimulante riqueza de 'Ramy', que combina la comicidad racial de Ansari y la narrativa social de Glover con su propia visión de la fe, más en lo terrenal que en lo divino. Una combinación irresistible servida en raciones de no más de 30 minutos, no menos de 20 que engancha por lo que lo hacen todas las series que versan sobre "la vida moderna".

Esto es, por lograr que lo complejo parezca tan sencillo, y que lo anecdótico pueda parecer tan significativo, sin perder nunca ese sentido del humor que nos mantiene con aire en un mundo tan... suyo, y a la vez tan de todos. No es fácil encontrar nuestro lugar en el mundo o saber quiénes somos. Desde luego, no tanto como creer en una serie como 'Ramy'.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



Ramy

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