'Rose of Nevada' - Jenkins Men
En un olvidado pueblo pesquero, un barco aparece misteriosamente en el puerto. El Rose of Nevada, perdido en el mar con todos sus tripulantes hace 30 años, ha regresado. Para los pocos que lo recuerdan es una señal de que la embarcación debe volver a hacerse a la mar. Quizá, entonces cambie la suerte de la devastada aldea...
Muchos, la mayoría, se quedarán con los nombres de George MacKay, Callum Turner y puede que también Rosalind Eleazar, uno de los "caballos lentos" de Jackson Lamb. Pero el nombre que destaca en 'Rose of Nevada' es el de su ideólogo, Mark Jenkin, auténtico hombre orquesta autor de 'Bait' y 'Enys Men'.
Con esto ya estaría todo dicho.
Una película de Mark Jenkin.
La nueva película de Mark Jenkin.
El de 'Bait'. El de 'Enys Men'. El de también, en efecto, 'Rose of Nevada'. Un autor más que un cineasta que a lo largo de tres filmes ha desarrollado un estilo narrativo y visual muy claro y definido, tan vanguardista como vintage. Un estilo inquietante y ambiguo, desconcertante e hipnótico, tan plástico como esquivo.
Un ya característico estilo capturado en película de 16mm que enmarca ahora una etérea y enigmática "lo-fi sci-fi" que se convierte en su película hasta la fecha más entonada. O más convincente y accesible dentro de un espectro vocacional que no se autolimita y reduce a lo experimental como la agotadora 'Enys Men'.
Es, quizá, lo más reseñable de 'Rose of Nevada', una película que no (se) agota como suele ocurrir a menudo con los ejercicios de estilo tan pronunciados. A diferencia de 'Enys Men', lo que a simple vista (y oído) la define es lo que sólo la impulsa, encontrando bajo su apariencia visual y sonora un sustento dramático que la asienta como algo más que una turbadora y excéntrica curiosidad.
Esto es, 'Rose of Nevada' es una ensoñación pesadillesca que no termina devorada ni por su rotunda apuesta formal ni por su surrealismo conceptual, en una "obra de autor" que al igual que por ejemplo la 'LOLA' de Andrew Legge trasciende de la engreída autoría sin renunciar a su integridad artística.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



