'Mother Mary' - La mujer de rojo
David Lowery tiene dos tipos de película: Las que hace para A24 y las que hace para Disney. Las que nos interesan, obviamente, son las primeras. Son por las que conocemos su nombre, en las que actúa como un autor dispuesto a correr riesgos que Disney por descontado no le dejaría siquiera sugerir en una reunión.
Riesgos... como los que sin duda corre en 'Mother Mary', una propuesta tan arriesgada que prácticamente podemos dar por fallida de por sí. Lowery le mira al peligro a las ojos con la temeridad consciente de quien se ha labrado una carrera en paralelo como jornalero: La de aquel que no le teme al desastre.
Sólo así se explica la pretenciosidad de esta 'Mother Mary', melodrama gótico que de forma irremediable nos remite a 'A Ghost Story'. Un salto al vacío, ahora sin red durante una segunda mitad que transforma el teatral reencuentro entre dos ex colaboradoras en "una amalgama sobrenatural de anhelo" espiritista.
En una ensoñación mística y esotérica enmarcada por Lowery en un preciosismo a la postre, poco sustancial. No se me ocurre mejor explicación: 'Mother Mary' es como uno de estos menús exóticos donde cada plato requiere de un prefacio más largo de lo que te cuesta incluso digerirlo. Qué bonito, pero qué hambre.
'Mother Mary' te deja con ese ansia de querer una hamburguesa que también les da a los ganadores del Oscar. Aún apreciando la valentía o temeridad de Lowery, de que hay un exceso de impostada, densa y ambigua deconstrucción abstracta que hace que resulte tan desnaturalizada como un spot de colonia.
Un extenso y largo spot que disfraza de complejidad una colonia a través de una estética tan recargada y afectada como aparentemente hueca. La ironía de hacer una película sobre una Lady Gaga que se plantea si su autenticidad está basada en un mero artificio... y sumirte de lleno en tu propia tarta trampa.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex





