'Super Dark Times' - Donnie contigo (o sin ti)
Una especie de cruce entre 'Cuenta conmigo' y 'Donnie Darko'...
Así es como se suele describir a la ópera prima de Kevin Phillips, esta 'Super Dark Times' que a medida que avanza se va distanciando más y más de la oleada de nostalgia más o menos complaciente y populista para justificar el "super dark" de su título. Toda una declaración de intenciones. Y es que en una era saturada de revisiones más o menos idealizadas de los años 80 y 90, 'Super Dark Times' opera como una suerte de reverso tenebroso y desmitificador.
Ambientada en un suburbio de la América profunda de los 90, Phillips no busca que el espectador añore ese pasado, utilizando la falta de móviles o de Internet no para generar romanticismo, sino para acentuar el aislamiento de los personajes. En consonancia con su título, el mundo de 'Super Dark Times' es "oscuro": Bosques grises cubiertos de hojas muertas, salones comunitarios vacíos, calles suburbanas desiertas bajo cielos perennemente nublados...
El mundo de 'Super Dark Times' es triste y monótono: No hay colores neón, sino tonos apagados, otoñales y fangosos que anticipan la tragedia... un grave error estúpido, torpe e infantil que disuelve la lealtad y confianza entre dos adolescentes, hasta entonces mejores amigos inseparables. Zach canaliza el trauma a través de la paranoia interiorizada, mientras que Josh responde mediante el aislamiento social y una desconexión total de la empatía...
Phillips expone cómo la necesidad adolescente de camuflar la vulnerabilidad detrás de bravuconadas unido al aburrimiento crónico, a la fascinación imprudente por las armas o a la obsesión por el sexo y la pornografía es un caldo de cultivo peligroso cuando no se tienen las herramientas emocionales, ni tampoco el vocabulario para gestionar el dolor o pedir ayuda. No es casualidad que en 'Super Dark Times' los adultos prácticamente son como fantamas.
Apoyado por la excelente fotografía de Eli Born, Phillips abusa deliberadamente de los primeros planos asfixiantes y de una profundidad de campo recortada, atrapando a los jóvenes en su propia psique mientras los zumbidos eléctricos, el crujido de las hojas, la respiración entrecortada o la partitura minimalista de Ben Frost envuelven al espectador en una atmósfera de amenaza constante. Esto es, cuando el silencio resulta mucho más aterrador que un golpe de efecto...
... como el que se puede decir que acontece en su tercer acto, cuando este thriller psicológico pausado y cocinado a fuego lento sobre el trauma y la culpa, se precipita hacia una resolución más explícita de lo que su tono introspectivo parecía querer insinuar. Aún siendo una consecuencia lógica de la podredumbre mental del personaje: La tensión psicológica acumulada era tan insostenible que tal vez, solo podía resolverse mediante una explosión de violencia real y cruda.
Un final coherente pero quizá demasiado explícito que sin embargo apenas empaña, o apenas debería de empañar el buen sabor de boca de una película tan interesante como 'Super Dark Times', ejecutada con un pulso y gusto cinematográficos tan exquisitos que deberían de servir para apuntar el nombre de Kevin Phillips en todas las agendas de la industria. No es tanto una película de terror, como una autopsia de la pérdida (traumática) de la inocencia.
Una película que nos recuerda, primero, que no cualquier tiempo pasado fue mejor, y que aquellos maravillos años no tuvieron por qué ser tan maravillosos para todos; y segundo, que el verdadero horror no surge de lo desconocido, sino de la fragilidad de nuestra propia normalidad. De lo rápido que nuestras vidas pueden descarrilar por culpa por un error, un accidente y/o una mala decisión tomada en una tarde cualquiera de otoño. En un momento, de uno a otro.
