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'Yo no moriré de amor' - ¿Y ahora qué?

Vía El Séptimo Arte por 08 de mayo de 2026
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Marta Matute, guionista y directora de 'Yo no moriré de amor', comenta que su familia nunca ha sido de grandes muestras de cariño. No es lo que se dice una familia afectuosa. De los dieciocho a los veintisiete años ocupó gran parte de su vida al cuidado de su madre, quien sufría una enfermedad neurodegenerativa, demencia frontotemporal; es decir, sin vuelta atrás; es decir, que todo iba a ir a peor. ¿Y ahora qué?

Sus hermanas, su padre y ella se echaron a la espalda esa dura tarea -quisieran o no- mientras seguían con sus vidas... y se instalaba una tristeza en la nuca que no les dejaba estar en el día a día al 100%. Aunque durante esos nueve años siguieron discutiendo y mandándose a la mierda, compartían un dolor, un cansancio y una frustración comunes que les hizo empatizar unos con otros como nunca antes...

'Yo no moriré de amor' surge obviamente de esta experiencia, siendo lo más destacable de ella, precisamente, su fina y curtida sensibilidad para con un tema que Matute conoce de primerísima mano. Si una película dramática se supone que persigue "una verdad", Matute vuelca la suya en cada fotograma de esta suerte de ecuánime exorcización personal. De manera templada y delicada, harto sincera y sentida.

Una "verdad" con la que Matute no obstante se muestra en paz, y que transmite con expresiva y sutil contención. Esa mirada que no hace falta verbalizar, esa situación que no hace falta sobredimensionar. La película viene a ser la historia de una joven empujada a madurar antes incluso de saber quién es, y a sacrificar parte de su juventud por llamémosle amor. Por algo que aún no comprende que desafía "lo normal".

"Una mochila" que además siempre llevará sobre sus espaldas, lo asuma o no. Todos estos sentimientos atravesados, como querer huir, culpar al familiar por lo que está pasando, la impaciencia y la rabia, la disociación emocional o desear que la muerte llegara ya, están presentes en el filme. Pero no es la adolescente, sino la mujer quien los traduce al lenguaje del cine con su madurez emocional y perspectiva vital.  

Lo que define a 'Yo no moriré de amor', un duro y feroz pero conmovedor y esperanzador drama en torno a la certeza del dolor que hace de la mesura su caballo de batalla. A quien es dueño de la verdad no le hace falta gritar. Matute vuelca la suya con claridad y delicadeza, sin alzar la voz; con una honestidad de primera piel que empapa con sutileza y sin sentimentalismo cada fotograma, cada interpretación.

Es evidente que se trata de una película personal; tanto, como que a Matute no le hace falta adornar su/la historia, ni regodearse en el dolor para que el filme resplandezca con el cálido dramatismo con el que lo hace. 90 minutos de pura y honesta concreción narrativa, no tanto sobre la dureza de una enfermedad neurodegenerativa como sobre los momentos que definen la relación entre las personas. Y a las personas. 


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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