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'La maldición de Widow's Bay' - There's something in the fog...

Vía El Séptimo Arte por 29 de abril de 2026
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Es normal pensar en 'Twin Peaks'. Al igual que aquel, Widow's Bay es un pintoresco pueblo en el que "pasan cosas". Aunque su alcalde, al igual que el de, por ejemplo, Amity Island, se niegue a aceptarlo... lo acabará haciendo de igual forma que en 'Tiburón': a golpe de evidencias... relativas. Porque en 'La maldición de Widow's Bay', al igual que en 'Twin Peaks', la realidad es algo maleable que no siempre parece... ser.

Es, un poco, la gracia de esta comedia de terror que se siente a mitad de camino de John Carpenter y Stephen King, en algo así como un 'Twin Peaks' dirigido por Mike Flanagan pero con un fondo costumbrista y satírico que, según el momento, fluctúa entre 'Parks and Recreation' y 'La cabaña en el bosque'. Todo ello, agitado pero no revuelto con la elegancia del director Hiro Murai, uno de los principales ideólogos de 'Atlanta'.

Quizá por esto mismo, la serie adopta el mismo carácter semiantológico de aquella; en este caso, apoyándose en el protagonismo de un como siempre estupendo Matthew Rhys (oportunamente respaldado por algunos singulares vecinos). Cada episodio, de entre 35 y 40 minutos muy bien ajustados, forma parte de un todo a la vez que se defiende y habla por sí mismo, en ambos casos, de forma tan orgánica como firme y fluida.  

'La niebla' llega a 'Castle Rock' en el primer episodio de 'La maldición de Widow's Bay' para, a partir de ahí, desplegarse episodio a episodio envuelta en una aura de pausado folklore gótico alimentado por los numerosos guiños a clásicos y leyendas del género. Lo mejor, sin duda, es la expectación referencial que despierta cada episodio, al funcionar como una enigmática sucesión de historietas de las que no sabes qué esperar.

Al menos de primeras, siendo de hecho que, llegado el momento, la conclusión quizá sea lo menos logrado de toda la serie, al no quedarle más remedio que afrontar dar algunas respuestas. Algo que, en cualquier caso, sigue estando servido con la misma seriedad y elegancia que caracteriza a una producción que, en cualquier caso, se siente viva. Es, posiblemente, lo más importante: la serie desprende respeto y cariño hacia sí misma.

Orgullo por ser y proponer, por más que se apoye en directrices a menudo tan clásicas que tienden a pensar en la referencia y el homenaje. Todo ello, bajo un marcado pero soterrado y sutil tono humorístico servido, como todo en 'La maldición de Widow's Bay', en concisas dosis tan convincentes como efectivas cuya espontánea convivencia con el terror folclórico, hacen de ella un adictivo y jugoso ejercicio de turismo cinematográfico.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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