Jean-Luc, en mente y alma
Llegas al invierno de tu vida y descubres, encantado, que la cosa no es tan mala como te la habían pintado. Pasas ya de los ochenta años, pero el cuerpo y, más importante aún, la mente, siguen respondiendo todo lo bien que se les puede exigir a estas alturas. Qué coño... la cabeza la tienes de putísima madre. Es más, cada día que pasa parece que te vuelves más y...








