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Alcanzando las nubes con Philippe Petit: ''No puedo vivir sin alegría''

Vía Sony Pictures Releasing de España, El Séptimo Arte por 26 de diciembre de 2015
Philippe Petit

Hace unos días el funambulista francés Philippe Petit visitó Madrid para, desde la azotea de la Torre Picasso en donde se ha montado la sala de cine más alta del mundo, presentar 'El desafío (The Walk)', ficción cinematográfica inspirada en la hazaña que llevó a cabo la mañana del 7 de agosto de 1974 cuando, con 25 años de edad, cruzó varias veces sobre un cable de acero la distancia que separaba las Torres Gemelas de Nueva York.

Curiosamente, Petit discrepa del título que la cinta ha recibido en España: "Mi vida no está hecha de desafíos, sino de sueños. Me gusta más el título de mi libro sobre aquella experiencia, el décimo que publico: Alcanzar las nubes", chapurrea en un castellano de guerrilla, uno de los ocho idiomas en los que se defiende.

"Cuando estaba cruzando las Torres lo que sentí fue felicidad. Bueno, mucho más, éxtasis. Felicidad y éxtasis. También impaciencia por hacerlo... por dar el segundo paso. Pero no tenía miedo. Es una palabra que no existe en mi vida". Porque tal y como afirma "si el miedo me hubiera encontrado en el primer paso nunca habría podido dar el segundo y el tercero. El terror aparece cuando pones el pie en el alambre, pero no le dejo entrar en mi mente y en mi alma".

"¿Miedo a qué? ¿A morir? El miedo, es para los otros", prosigue Petit, quién a pesar de admitir sin rubor alguno que "ser humilde no es mi fuerte" afirma que "para un artista que se juega la vida es difícil ser humilde, pero cuando te sientes invencible es cuando la muerte está más cerca. Así que llevo la humildad en mi corazón aunque tu no la puedas ver”.

Sobre su participación en 'El desafío (The Walk)', "la razón por la que le dije sí a Robert Zemeckis hace diez años fue porque él me prometió colaboración total". Y es que el proyecto surgió en realidad prácticamente a la par que el oscarizado documental de James Marsh, 'Man on Wire': "Hay espacio para ambos, son dos obras complementarias que abordan la misma historia de maneras distintas". El por qué no habíamos visto antes su historia reflejada en la gran pantalla se debe a "que Hollywood no es muy bueno poniendo poesía en la pantalla", asegurando que su hazaña no fue una locura, para nada, sino una "acción poética, de rebelarse contra todo, contra la condición humana y la sociedad. Es la manera en la que me opongo a las reglas establecidas, a quedarme en el rebaño, a la fuerza de la gravedad".

"Un artista, ante todo, debe ser un rebelde. Yo me rebelo contra todo, contra la condición humana, contra el poder" afirma Petit, quién asevera que "caminar sobre un cable en el aire es algo universal, no necesita lenguaje, ni tiene ningún mensaje. Es algo que directamente llama al corazón del hombre. Es muy bonito que la gente mueva la cabeza, mire hacia arriba, cambie su manera de ver las cosas". Y prosigue defendiendo con absoluta convicción su dedicación: "Estar loco para mí es una cualidad. Es una locura noble, la locura del poeta. Qué sería de nosotros sin locuras, sin maravillas, sin poesía".


En un principio el proyecto se desarrolló con la idea de que el propio Petit se interpretase a sí mismo con la ayuda, claro está, de unos efectos especiales que le devolverían su juventud perdida. "Yo querría haberme interpretado a mí mismo, pero no pudo ser" cuando sus productores se replantearon un proyecto presupuestado, sorprendentemente dado su excelente acabado visual, en tan sólo 35 millones de dólares. También de forma sorprendente, y a pesar de que él mismo se ofreció a Zemeckis, siquiera se le ve en la cinta en forma de cameo. "Al final dejaron de consultarme sobre la película, y me alejé un poco del proyecto. Al fin y al cabo es mi vida, pero es su película", añade al respecto sin apuntillar que "no estaría aquí si no me gustase la película".

Le queda al menos el consuelo de la buena labor de Joseph Gordon-Levitt, estando especialmente contento de la "alegría de vivir, de soñar que logra transmitir". Y es que en sus propias palabras "la elección de este joven actor está muy bien. No importa el acento, lo que importa es que él puede representar el alma de quien yo era en ese momento". Para conseguir esto, Petit enseñó al actor a caminar por un cable en tan solo 8 días. "Le dije que dentro de 8 días iba a caminar, y él me dijo que era imposible. Joseph no quería únicamente aprender funambulismo, sino también mi manera de ser y de moverme. Era muy difícil para él aprender todo eso en tan poco tiempo, pero hizo un trabajo increíble. Tenía que abrir su corazón. El último día lo estaba haciendo, caminó por un cable a 4 metros de altura".

Porque su balance sobre la cinta es más que positivo dado que "transmite la esencia de mi aventura: la felicidad de lo imposible, el alma de las torres y de este trozo de mi vida". Especialmente contento se muestra con en el empleo del 3D "porque así el espectador camina conmigo", algo que sin duda aporta una diferencia sustancial respecto al citado documental de James Marsh. Tampoco se corta a la hora de criticar algunos detalles que no son del todo correctos. "Es verdad que me hice daño en un pie al pisar un clavo, pero nunca sangré al cruzar las Torres Gemelas. ¿Yo, sangrar? Para nada, no hubiera podido hacerlo".

Pequeñas y comprensibles "licencias de Hollywood" para adueñarse de su historia que no dejan de ser "detalles. Solo son detalles sin importancia que a lo mejor sólo yo en el mundo puedo apreciar. Porque, en líneas generales, la película sí que refleja perfectamente tanto mi personalidad como los hechos que ocurrieron". Como por ejemplo ocurre en el que es su momento preferido del filme: "Ese momento en el que me detengo, que Joseph se detiene sobre el cable. Recuerdo perfectamente el instante, me acuerdo de que en mi cabeza sonaba música clásica; es increíble como Zemeckis ha podido recrearlo incluyendo esa misma melodía en la película".

Sin embargo y a pesar de que las autoridades "ahora son más comprensivas, más conscientes de que lo que hago y lo que le doy al mundo es un arte", la sociedad actual está matando sus sueños. "Me gustaría cruzar por encima de la Plaza de las Ventas o entre las Torres Kio, que llaman a poner una cuerda entre ellas. Pero hoy nadie da permisos. Es una gangrena moderna. Hace 40 años vivíamos otro mundo, más humano, más cercano a la poesía, más apasionado por la humanidad” que piensa 'El desafío (The Walk)' recoge con mucho acierto.

"Yo no puedo vivir sin alegría" asegura con rotundidad. "Cada vez que bajo del cable me invade la sensación de tristeza porque abandono la felicidad del cielo. Es un espectáculo que quien más disfruta es el que lo realiza. Lo importante es empujar a que el público transgreda, a que convierta los noes en síes”. Quizá por ese motivo, a sus 66 años de edad, continúa en activo, y por eso mismo "Hasta que no deje de caminar por el suelo, no dejaré de caminar por el cielo".





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