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'Ella McCay' - Propicios días

Vía El Séptimo Arte por 04 de febrero de 2026
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Es innegable que George Lucas acusó los más de 20 años que estuvo sin dirigir entre 'Una nueva esperanza' y 'La amenaza fantasma'. 20 años son muchos años... no sólo para una persona, si no también para el mundo en el que vivimos hoy en día. La de cosas que pueden cambiar en 20 años. Hacer cine no era para nada lo mismo a finales de los 70 que de los 90, o que ahora ya en el siglo XXI.

James L. Brooks vuelve a la dirección 15 años después de '¿Cómo sabes si...?', y lo hace con una película que se desarrolla en 2008. Una película que ha podido hacer por quién es; porque como productor de 'Los Simpson' puede hacer lo que quiera. Incluso una película como esta, que se siente por desgracia tan anacrónica y demodé. Tan fuera de lugar... como de espaldas a la realidad.

Quizá por eso mismo se desarrolla en 2008, para poder darle la espalda a lo que hoy en día nos preocupa. 'Ella McCay' remite a ese cine del Hollywood clásico que visto ahora, en perspetiva, parecía vivir en una pérfida burbuja. Propaganda buenista en la que los personajes, lejos de comportarse como personas de carne y hueso lo hacen como 'Los Sims' dentro de su perfecta realidad virtual.  

'Ella McCay' es una película humana, social, espiritual, moral y políticamente demasiado idealista, optimista y escapista sobre una servidora pública decidida a hacer lo correcto. Tan idealista, optimista y escapista que, lo dicho, se siente tan fuera de lugar como de espaldas a la realidad. Incluso a la de 2008, lo que provoca que se perciba como una película tan deshonesta como desubicada.

Incluso molesta, aunque sea una impresión relativamente injusta para con una película tan amable y bienintencionada. Como aquel bonachón al que lejos de apreciar, le tratan de tonto. El ingenuo que insiste en hostiarse contra el muro de una realidad cínica y nada amable. Se comprende tanto el propósito de Brooks que uno, como espectador, le encantaría poder abrazar su discurso.

Darle verosimilitud, creérselo. Ir a votar pensando que, oh, el mundo puede ser esa bonita utopía donde las cosas son justas y adecuadas.

Como a uno le encanta abrazar el discurso de películas como 'Qué bello es vivir' cada Navidad. Brooks parece ese "tonto" del que uno aprecia su idealismo, pero del que también molesta que te mire por encima del hombre mientras evita responder las preguntas incómodas que con mucha ligereza plantea. Hacer lo correcto porque es lo correcto, sin explorar el por qué es lo correcto.

Es lo correcto... porque sí. Porque lo es.

Viviendas, trabajo y papeles para todos. Hecho. Oye, ¿pero cómo lo hacemos? Lo hacemos, y punto. Así de fácil y sencillo. Porque es lo correcto. Porque es una película, y en una película como 'Ella McCay' los malos no pueden ganar. Una "feel-good movie" clásica y ligera, por supuesto que condescendiente que a uno le hace sentir como si hubiera vuelto al colegio, a cuando tenía ocho años.

A cuando el mundo y la realidad parecían una peli Disney, mucho antes de saber que los Reyes son los padres. De un buenrollismo casi infantil, blanco y nada irónico excusado siempre, de forma inofensiva por una sonrisa tan fácil y ligera como acartonada y efímera. Reconfortante tal vez, pero de la misma manera que el discurso vacío de cualquier político que sólo dice lo que quieres oír.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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