'Un simple accidente' - Sírvase usted mismo
Vahid, un modesto mecánico iraní que pasó algún tiempo entre rejas, tiene un encuentro casual con Eghbal, quien le recuerda a su sádico carcelero. Alarmado, reúne a sus antiguos compañeros de prisión para intentar verificar la identidad de Eghbal. Pero... ¿qué harán si resulta ser él?
Todo en 'Un simple accidente' viene a ser una excusa para llegar a la siguiente pregunta: "¿Va a continuar el ciclo de la violencia, o va a terminar?". Tan obvio... como lo puede ser un final que no deja dudas; al menos, para quien lo tenga tan claro como para poder decidir por sí mismo, sin ayuda de nadie.
No es lo que le pasa al mencionado Vahid, quien, por supuesto, tiene dudas. Como todos. Las dudas nos hacen humanos, en una de esas pequeñas historias cuya aparente simpleza y sencillez refleja una problemática más complicada y compleja. No se trata de venganza, sino de (con)vivir y de libertad.
Lo que empieza como "un simple accidente" desencadena la participación de cada vez más gente, en una película de guerrilla que no sorprende, por cuanto su compromiso social y político es inviolable. Su final no deja dudas, salvo por las del espectador claro está. Dudar, recuerden, es humano.
Y 'Un simple accidente' es una película muy humanista, cercana, terrenal. Casi desnuda, transparente. Puede que tal vez demasiado; como tal vez esté a su vez demasiado condicionada por la necesidad de un rodaje furtivo, como en Jafar Panahi es costumbre. Es más, a menudo parece un vídeo doméstico.
Algo que realza su naturalidad y cercanía, pero que a su vez le resta fuerza. En particular, al ser una película de género fluido en la que el thriller, la comedia negra o el drama se funden en uno solo. De forma casi imperceptible, desnuda; casi transparente. En un filme tan manifiesto como pragmático.
En un filme tan en apariencia simple y sencillo, tan ligero y mundano como ágil y efectivo a la hora de plantear, con honda claridad, justo lo que quiere plantear. Quizá en su desnudez y transparencia le falte algo de fuerza, de impacto o de subversión; quizá sólo sean las dudas, esas que nos hacen humanos.
Las que surjen cuando uno se tiene que valer por sí mismo, sin que al igual que en una sitcom le señalen cuando reír, aplaudir o llorar; cuando se ve obligado, esto es, a pensar por sí mismo, sin que nadie le diga qué pensar. La no grandeza de 'Un simple accidente': La vida era esto... sírvase usted mismo.
Una imagen,
un sonido.
Un recuerdo que seguramente nos perseguirá toda la vida.
Un recuerdo,
una amenaza.
El miedo, la ira, la humillación, la violencia... ¿la esperanza? Ese calabozo de la condición humana va en esa furgoneta.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

