'Amarga Navidad' - Dolor y gloria
No me gusta el cine de Jim Jarmusch. No obstante, 'Paterson' me gustó bastante. No sé hasta qué punto por méritos propios o por tratarse de LA excepción; de encontrarme de pronto con una película suya que, oh, sorpresa, me transmitió algo... hasta el punto de no querer volver a verla, no vaya a ser que la liemos.
No es que no me guste el cine de Pedro Almodóvar, pero no suelo conectar con él. Ni con su cine ni con su persona. Aunque aquí no hemos venido a hablar de esas cosas. Tampoco de 'Madres paralelas' o 'La habitación de al lado'. Aquí hemos venido a hablar de cine. Lo que es y representa 'Amarga Navidad'.
Almodóvar, el primero, quien deja de lado el subtexto político y/o ideológico que tan mal le sentó a sus dos últimos filmes para volver a centrarse en lo que, a juzgar por la propia película, mejor sabe hacer. No suelo conectar con su cine, porque su cine es profundamente personal, raramente confundible. Lo que desde la empatía esquiva, me atrevo a decir, establece un muro entre sus filmes más auténticos y los que lo son menos; al menos, de un tiempo a esta parte.
Puede que sí, o puede que no. Lo sea o no, 'Amarga Navidad' es un filme que, como se intuye a lo largo de todo su metraje trata, ante todo, sobre el propio Pedro. Como se intuye a lo largo de, y se acaba confirmando en un tramo final que despeja, de forma rotunda y explícita, dicha incógnita amparada y enriquecida por un malabarismo narrativo, para nada caprichoso que entrelaza tres historias que en realidad forman una sola. Como debe y tiene que ser.
Si el cine de Almodóvar es personal, 'Amarga Navidad' se siente una película genuina. Tal vez, demasiado enmarcada por la experiencia reflexiva de quien ya actúa más con la cabeza que con el corazón. Tal vez, también, demasiado autoconsciente, autorreferencial y autocomplaciente, en una obvia metaficción sobre el propio Pedro con aroma a déjà vu. Que ante todo, parece e incluso se siente surgida de la imperiosa necesidad vital de un autor de expresarse.
El cine de Almodóvar siempre me ha parecido impostado y artificioso, epitome de un ego operístico que más que servir a una causa se regodea en su existencia como un fin en sí mismo. En 'Amarga Navidad', por descontado, hay bastante de eso... o de lo contrario, no sería una película de Almodóvar. Pero también hay eso -a menudo tan esquivo- que llamamos verdad. Se siente, o se puede llegar a sentir, la honestidad de la que, por ejemplo, carecen sus dos filmes anteriores.
Puede que sí, o puede que tan sólo esté tratando de justificar por qué me ha gustado la última película de un cineasta que no suele gustarme. El porqué he congeniado con una obra sobre la creación y los mecanismos que la vertebran. Sobre la necesidad de contar historias para afrontar la realidad; sobre cómo la existencia de quienes nos rodean nos sirven de inspiración para ser quienes somos. Porque somos lo que la vida (la empatía y el dolor) hace de nosotros.
Cómo nos deje expresarnos, siendo este dulce "amargo" una reflexión madura y serena sobre cómo la vida (y el dolor que la acompaña) inspira el arte y, a su vez, la vida no se puede entender (o afrontar) sin la autorrealización. Un juego de espejos que vertebra la que para un servidor es la no-ficción más lograda de Almodóvar desde 'Volver', otra de esas "raras" excepciones en las que un servidor, contra todo prejuicio, se dejó llevar -con mucho gusto- al huerto.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




