'Americana' - The Last Stop in South Dakota
Porque no eres lo bastante maligno. Eres quasi-maligno. Eres semi-maligno. Eres la margarina de lo maligno. Eres la Coca-Cola light de la maldad. Solo una caloría, te falta mala baba.
Si tienen buen gusto, sabrán que esto es lo que le decía el Doctor Maligno a su hijo Scott en el programa de Jerry Springer, en respuesta a por qué lo había abandonado. Algo así podríamos decir también de 'Americana', neo-western terroso con claros ecos post-tarantinianos al que le falta eso, colmillo.
Aunque no hace falta irnos a los 90 para recurrir a aquel "las comparaciones son odiosas". Baste pensar en 'The Last Stop in Yuma County', película del mismo palo bastante más convincente y resultona que la de Tony Tost. La clave no está tanto en los elementos, como en el conveniente ajuste de los mismos.
En lo que diferencia a una simple tortilla de una deliciosa tortilla. Lo que diferencia a 'Americana' de 'The Last Stop in Yuma County': La habilidad para que una película "entretenida" impacte o deje algún tipo de huella. La habilidad, o la ausencia de una torpeza manifiesta, si se prefiere considerar así.
Sea por una cosa o la otra, Tost dispone de los ingredientes sin cocinarlos para que adquieran alguna textura, siendo que en caso de duda lo que sobresale no son sus aciertos, sino los desaciertos. Es, de nuevo, la diferencia entre freir un huevo y dotarle de chispa. Tost no hace mucho más que echarlo a la sartén.
Comer se puede comer, obviamente. Aunque sólo sea por sus vaivenes, 'Americana' es una filme entretenido. Pero le falta colmillo y mala baba, amor e identidad propios como ejercicio de género que mira a sus referentes desde la barrera y no se atreve a saltar a la arena para ponerse delante del toro.
Echar el huevo a la sartén y ya está, una tortilla. Una tan poco memorable como para que lo que llamen la atención sean sus desajustes y las caras conocidas de su reparto; no por su aportación, sino por no terminar de encajar dentro de un cóctel de apariencia voluntariosa que tiene mucho más hielo que licor.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




