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'La isla olvidada' - Fino, filipino

Vía El Séptimo Arte por 23 de septiembre de 2026
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Cinco minutos, y ya estaba mirando la hora. Estresado. 

En 2019, el cineasta letón Gints Zilbalodis, más conocido como "el director de 'Flow, un mundo que salvar'", se presentó al mundo con su primera película, 'Away'. 'La isla olvidada' bien podría ser una especie de cruce entre esta, 'Súper empollonas', '¡Olvídate de mí!' y 'Resacón en Las Vegas' servido con el hoy en día indispensable y exótico toque folclórico... y el nerviosismo, la ansiedad y la hiperactividad inestable inherentes a alguien que acaba de dejar de consumir drogas (después de eso sí, haberse puesto fino, filipino).

Lo que más destaca (y daño) hace a la nueva película de los responsables de 'El Gato con Botas: El último deseo' es, precisamente, lo que más destaca (y beneficia) de 'El Gato con Botas: El último deseo': Su alocado planteamiento visual. Pero lo que hace cuatro años se presentaba con cierta mesura y lógica interna, se presenta ahora con una sobreestimulación y hipervitaminación tan gratuita y random como estresante y agotadoramente frenética. Cinco minutos de reloj de pulsera, y un servidor ya estaba empezando a pedir la hora... 

Joel Crawford y Januel Mercado se vienen muy arriba, y como si no hubiera un mañana lo empiezan a soltar todo, intentando que no haya ni cinco segundos sin algún tipo de gag o elemento visual que mole. Que mole... como a ese que "va puesto", quiere marcha y le mola todo. Frenetismo en vena, tan atropellado como hueco, trivial y gratuito. Sirva de ejemplo el fallecimiento inicial de la abuela de una de las protagonistas, uno de los principales puntales dramáticos del filme tratado con la indiferencia de cualquier otro gag (tras otro).

Porque el mantra de 'La isla olvidada' es ese: Un gag tras otro, lo que sea pero sin respiro... sin tiempo para coger algo de aire para que, como película, se asiente y agarre de alguna manera. Para que pueda parecer una película, y no una especie de emulacion inmersiva para que los niños experimenten la euforia de lo que es un colocón (vamos a decir que de azúcar...). Para que cuando por fin, al final, se toma algo de tiempo para comportarse como una, no nos importe una mierda y sólo le pidamos que no se pare para poder terminar (ya).

Como 'Capitán Calzoncillos: Su primer peliculón'... pero a cascoporro y derribo, sin su liviandad infantil y sí alguna ínfula dramática. La perversión por sobreabundancia de las bondades de 'Spider-Man: Un nuevo universo' (con referencias exóticas a otros títulos de éxito como 'Guardianes de la noche'). El nerviosismo, la ansiedad y la hiperactividad inestable inherentes a alguien que ha dejado de consumir drogas... o que tal vez sigue poniéndose fino, filipino, no sé. Una atropellada, impostada, gratuita y banal acumulación de gags. 

Como el que en vez de aprender a andar, se cae rodando por una ladera para poder afirmar que está corriendo. Si es que esto tiene algún sentido. 'La isla olvidada' pretende tenerlo, y podría tenerlo si su frenetismo desbocado no le pasara por encima como un tren de mercancías. Sí, su esteticismo desaforado puede tener alguna gracia... pero no al servicio sólo de sí mismo. Así, es también al espectador al que parece le ha pasado por encima un tren de mercancías. O cualquier otra cosa, porque a la velocidad que iba es difícil saber qué era.

 

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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