'La bola negra' - El rufián querido
Federico García Lorca era gay.
Es la tesis que viene a resumir 'La bola negra', el gran titular de la película. Una tesis que queda clara a los pocos minutos de metraje, si bien Javier Calvo y Javier Ambrossi no parecen demasiado interesados en desarrollarla más allá de dicho gran titular. Tan sólo insistir, y subrayarla durante dos horas y media, por si aún hubiera alguien que no se haya enterado.
Dos horas y media que se acaban haciendo un tanto largas. Por lo que cuenta, por cómo lo cuenta. Por la poca profundidad que alcanza un relato contra todo pronóstico, tan fácil de resumir con el "Federico García Lorca era gay" inicial. El fin último, y casi único de una película que puede entenderse (y así se entiende) como algún tipo de exorcización personal.
Un filme que desarrolla una triple narrativa en paralelo, siendo la que transcurre en el presente mucho menos interesante que las otras dos. Se entiende a nivel estructural, pero su sobredimensionada presencia tiende a cortar el rollo y a templar las emociones. Es, un poco, como si Rafe Spall hubiera tenido el mismo peso que Richard Parker en 'La vida de Pi'.
Máxime, dada la anecdótica aportación de los intérpretes más conocidos, en lo que más bien parecen cameos. "Yo estuve aquí", apoyando la sobreexplicada e insistente lección del día. Los Javis, desde luego, quieren que todo quede claro. Y en efecto no hay dudas; tampoco incertidumbre ni emociones inesperadas que broten de entre las costuras de su obviedad.
'La bola negra' puede ser (y es) una película sólida, tanto como manifiesta de una manera demasiado adecuada. Una película más pensada que sentida que no es que dude (ni tenga por qué) de su tesis: Es que no se molesta en poner a prueba su rigidez. Un tiralíneas narrativo estancado en un propósito que no busca diálogo, sino simple y mera validación.
Todo ello, a través de la figura tangencial de Lorca, reducido (tal vez por inercia) a no mucho más que "ser gay". La tesis que viene a resumir 'La bola negra', el gran titular de la película. Una que al igual que los discursos de un politico, no trasciende del bonito y oportuno eslogan que pueda ser aplaudido por los tuyos mientras te permite estigmatizar a los otros.
Tal vez, porque los Javis están demasiado institucionalizados, lo que impregna a 'La bola negra' de una desapasionada templanza y contención: La de quienes no cuentan nada que no supieras... sobre ti. La de quienes se reafirman en lo ya conocido para no arriesgarse a levantar ampollas... ni entre sus partidiarios ni entre sus detractores (que lo sean de por sí).
No por ello 'La bola negra' deja de ser una película objetivamente sólida, con las ideas lo suficiente claras como para que aún a pesar de su intermitencia, se aprecie el respaldo de un político/cineasta de raza. Uno que sigue tendiendo al discurso más que al debate, y que por lo tanto no sorprende. Pero que al menos lo que dice lo dice con respeto y educación.
Pero que al menos lo que dice lo dice, como Rufián, con la convicción y la gracia de quien se cree lo que está diciendo.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




