Buscador

'El castillo' - ... de Heraclio Fournier

Vía El Séptimo Arte por 05 de octubre de 2026
Imagen destacada

"Al principio estas paredes se odian. Después te acostumbras a ellas. Con el tiempo, dependes de ellas. Eso es estar institucionalizado", decía un tal Ellis Boyd "Red" Redding en una famosa película de los años 90. 

La nueva serie de los creadores de 'Antidisturbios' se siente un tanto... exacto, institucionalizada. Y moralmente, demasiado encorsetada y comprometida. Piensen en 'Breaking Bad' como una serie que fuera sobre lo mala que es la droga, no sobre un tal Walter White que hace lo que hace por lo que lo hace. Lo que es en resumen una historia: Alguien con un propósito, y sus esfuerzos para conseguirlo (o no).

El protagonista de 'El castillo' es un Raúl Arévalo que precisamente recuerda al tal Walter White. Ambos son calvos. Y se desenvuelven al otro lado de la ley. Esa ley que como bien se empeñan en demostrar nuestros queridos políticos día a día, es y no es. Depende... todo depende. Menos lo que no depende. Como por ejemplo que la prostitución es mala. Lo que maniata a 'El castillo' y a su vez al propio Raúl Arévalo.

Un Raúl Arévalo al servicio de una serie donde todos sus capítulos terminan con información relevante para la causa. ¿La de contar una historia? No, la de dejar claro que la prostitución... es mala. Ese manto de superioridad moral, sutil pero siempre soterrado hace que 'El castillo' no despegue ni tampoco explote; que no se convierta en algo más vivo y auténtico. En algo que se sienta más humano y menos impostado.

No ayuda la austeridad y discrección de una puesta en escena fría, distante, desapasionada... algo monótona, parca y anodina. Una clara (y respetable) apuesta por un mínimo artificio que no obstante, y a diferencia de series más enérgicas y populistas como 'El Inmortal', provoca que se le vean más las intenciones. Esa molesta sensación de quien no te cuenta una historia, sino te imparte una lección.

De quien juzga por ti, en lugar de arriesgarse a que el público decida por sí mismo, por ejemplo, que Patriota es el héroe de la función. El que empatice con Walter White. El que prefiera que "El Inmortal" sobreviva a sus enemigos. El que vea una historia de gente haciendo cosas en lugar de una de buenos y malos. Por más que 'El castillo' ni ignore ni niegue los ángulos muertos o los puntos ciegos de su tesis.

Como hacía 'Querer'... antes de aclarar la duda en el último suspiro. Una serie en la que destaca un tercer episodio, el del juicio, en el que ciertamente uno acaba convencido de no estar seguro de nada. La vida, en realidad, es así: Una incerteza. 'El castillo' intenta emular a su manera los logros de aquel tercer episodio, si bien el resultado acaba siendo un poco diferente. Porque apenas hay margen de duda.

Porque la prostitución es mala. Y sí, puede que lo sea. Pero como espectador necesitas dudar, aunque sea sólo un poquito. O se pierde la esencia de una ficción como esta, fundamentada, a priori, en el cuerpo de la noticia y no en el titular. Porque 'El castillo', al igual que 'Antidisturbios', se sitúa en un terreno pantanoso y grisáceo. Pero aquella, recordemos, definía a sus personajes en vez de asignarles un rol.

Se sentían personas, además de peones del reino... mientras que los de 'El castillo' se sienten como peones de una ficción que aún inspirada en hechos reales, nunca deja de sentirse como una ficción, demasiado encorsetada y comprometida con sus valores morales; que nunca, aún a pesar de Raúl Arévalo o de su rigor formal, da la sensación de ser capaz de imponerse a los prejuicios de sus responsables.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

'Antidisturbios' - Los peones del reino

 

'El Inmortal' (T3) - Mañana seré libre

 

'El Inmortal' (T2) - Camina o revienta

 

'El Inmortal' - El precio del poder

Temas relacionados

< Anterior
Siguiente >

Comentarios