'El Inmortal' (T3) - Mañana seré libre
Los salvajes años 90 quedaron atrás.
"El Inmortal" vive retirado del narcotráfico y "La Rubia" está al frente del negocio.
Madrid respira en paz.
Sólo hay una forma de conservarla: Enterrar los fantasmas del pasado...
Lo era la primera, lo era la segunda... y por supuesto también lo es la tercera (y última): El clásico relato de un traficante y mafioso. Los clásicos tira y afloja con la competencia, la policía, la familia, el séquito... y ese tipo de rollos: La buena mala vida del delincuente de alto standing. La idea, a grandes rasgos, viene a ser siempre la misma: Matar o morir. Una idea que por lo general, a poco que esté desarrollada y plasmada de manera competente... funciona.
Como funciona... como sigue funcionando en el caso de 'El Inmortal', aún más si cabe en una tercera temporada que cierra una historia que nunca tiene fin, ni lo tendrá mientras al final quede alguien en pie. Por algo nos gustan las historias de mafiosos, con las que es tan inevitable cierta sensación a déjà vu... como que poco a poco vayan adquiriendo distintos matices que progresivamente las van dotando de una identidad propia más o menos reconocible.
Matices que capítulo a capítulo, a lo largo de un total de dieciocho han dotado a 'El Inmortal' de una sólida y altamente efectiva identidad propia, de sobra reconocible para los que hemos disfrutado con estos dieciocho capítulos. La tercera no es la excepción, sino la confirmación de que sus responsables le han tomado la medida a una serie cuya ultracompetente familiaridad la impulsa a ir a más, aunque sólo sea por la inercia de llover sobre mojado.
Más aún con una serie a la que no le pedimos tanto que nos sorprenda como que se desarrolle con la debida solidez e intensidad; más aún, con una ficción a la que no le pedimos tanto que sea realista como que se desarrolle con la debida contundencia y ritmo. Una tercera (y última) temporada que funciona aún mejor que la segunda, que ya de por sí funcionaba mejor que la primera ofreciendo más de lo que cabe esperar de una producción así.
Con energía, entusiasmo y determinación. Con los suficientes matices y giros para que lo que a simple vista parece lo mismo sea y se sienta diferente y fresco, recogiendo esta tercera temporada los frutos de las dos anteriores para poner en valor una serie que cuenta lo que cuenta con educación, coherencia y el suficiente nervio como para que aun pudiendo parecer otra más, podamos disfrutar, y con descaro, como si fuera la enésima primera vez.
Como si llegado el caso, se hubiera ganado el derecho a sentirse especial (ya sea o no diferencial... que a estas alturas, da igual que da lo mismo).

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex





