'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma' - Viernes 69
No hace falta que nadie nos lo sugiera: 'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma' es una película con un fuerte componente personal, y a su manera, autobiográfico. Es tanto que lo parece... que no importa que pueda no serlo: Prácticamente, sí o sí, lo damos por sentado. En especial, por su escaso parecido con lo que sería una auténtica película tipo 'Viernes 13'.
Por simplificar: Se trata de una "deconstrucción queer" del cine slasher que no gustará a los que esperen un "slasher convencional", y a la vez, una exploración del deseo, el placer y el género en el cine... llamado de género. En la práctica no asesina, una exploración del proceso de "superar el trauma indirecto de la vida previa a la transición", según su propia ideóloga, Jane Schoenbrun.
Una Schoenbrun a la que es fácil intuir en el papel de Hannah Einbinder, Kris, una cineasta "alternativa" que cuestiona tanto las películas de terror como, finalmente, su propia sexualidad. Una cineasta "indie" que se adentra en una realidad ficticia (a la vez que en su propia identidad): La de una franquicia clásica de películas slasher de los ochenta con claros ecos a 'Viernes 13'.
Aunque cualquier parecido con una película de aquellas es... circunstancial, estando mucho más cerca de un capítulo de 'Twin Peaks' que de 'Crystal Lake'. Al fin y al cabo aquellas se manufacturan para un gran público, mientras que 'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma' es de las que se hacen por y para uno mismo. Pelis que requieren de una conexión...
... más de autor y personal. Pelis que significan algo, y que a juego con el siglo XXI deben significar algo más profundo, importante e interesado que el simple placer fílmico de la caza humana (a machetazos).
O cuando una teta deja de ser una teta para convertirse en un símbolo.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



