'Anémona' - De lo que sea
Contar con la implicación de un intérprete tan caro de ver como Daniel Day-Lewis siempre es una garantía. Rara vez no va a merecer la pena aunque sólo sea por su presencia. Como también es muy raro que Sean Bean no acompañe como es debido.
Ambos sostienen, e incluso se bastan para sostener con su sola presencia la ópera prima, hinchada de orgullo, de Ronan Day-Lewis. Sí, el hijo de Daniel, también guionista junto a papá. Alguien que sin duda pone de su parte para que le llamemos Ronan.
Contar con la implicación de un intérprete tan caro de ver como Daniel Day-Lewis siempre es una garantía. También, un arma de doble filo. Rara vez no va a estar a la altura, lo que a su vez traslada su responsabilidad a la propia película, ya que no es él quien tiene que estar a la altura, sino la película. ¿'Anémona' lo está? ¿Justifica que Daniel haya reaparecido en nuestras vidas, tantos años después de 'El hilo invisible'?
Ronan, sin duda, pone de su parte. Tal vez, en su ansia porque Daniel no opaque su labor, por no ser sólo el hijo de, demasiado de su parte. Vaya por delante que 'Anémona' es un filme muy interesante; también, uno muy hinchado, pretendidamente denso e intenso, lo que se traduce a su vez en una manifiesta irregularidad y un ritmo complicado. Como si se supusiera una especie de duelo entre padre e hijo por el control.
Un duelo, un mano a mano, un baile. Como quieran llamarlo. Ahora tú, ahora yo. Ahora me luzco yo, ahora te luces tú (con Bean como espectador en la primera fila). Papá, eres el gran Daniel Day-Lewis, tienes que lucirte, tiene que ser importante; hijo, si diriges no puedes ser sólo mi hijo, tienes que dejarte notar. Y así durante dos horas que no se hacen largas, pero sí pesadas en tanto en cuanto diluyen sus bondades.
Daniel Day-Lewis. Sean Bean. Una cabaña en mitad de la nada. A veces el cine puede ser algo muy sencillo, no hace falta complicarse a la manera en la que lo haría alguien como Lars Von Trier. Ronan Day-Lewis lo hace, y además invita a la fiesta a una Samantha Morton que sirve a la causa como una pausa publicitaria. Daniel Day-Lewis. Sean Bean. Una cabaña en mitad de la nada. A veces el cine puede ser algo muy sencillo.
Ronan Day-Lewis sin embargo lo hace, y en vez de ir de frente da demasiados rodeos que lejos de dotar de más fuerza a su relato, lo hacen más pesado. Se gusta, se quiere gustar. No quiere ser sólo el hijo de, aunque en su empeño por encontrar su propia voz no sirve tanto a la causa como a sí mismo. Como si el cine no pudiera ser algo tan sencillo, y tan efectivo como un plano fijo de Daniel Day-Lewis hablando de lo que sea.
"De lo que sea", precisamente, es lo que acaba siendo 'Anémona'. Un filme sin duda muy interesante, con momentos realmente poderosos que no acierta a fijar el foco, remoloneando en pos de una gravedad un tanto impostada que acaba reñida con la solvencia, sencilla pero práctica de quien jugando al fútbol, simplemente, se la pasa al 10. De quien no se complica cuando se trata de ser efectivo, que no efectista.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




