'Hokum' - La República Independiente de McCarthy
La tercera película de Damian McCarthy es muchas cosas a la vez. Demasiadas. 'Hokum' es un irregular cúmulo de ideas que si funciona y/o cuela no es tanto por la solidez y/o la fuerza de un conjunto desarticulado, sino por el caos disonante de actuar como una riada que arrastra lo que pilla en el camino.
'Hokum' no fluye como un río, sino que desborda su propio cauce para dejar claro que, al igual que Ayuso, McCarthy se siente libre. Bienvenidos a la República Independiente de McCarthy, cineasta de indudable origen irlandés con tanto respeto por los clásicos y el folclore como ganas de llamar la atención.
A bote pronto, como si Osgood Perkins dirigiera su particular versión de 'El resplandor' para el Universo Expediente Warren bajo el paraguas del terror gótico más o menos clásico. O lo que es lo mismo, cambiar continuamente el compás para que el público no se acomode. Que... no... se... acomode.
Ni tampoco se relaje. La suma de alicientes, estímulos y giros nos incita a un permanente estado de abrumadora y fatigosa tensión que amenaza con romper con cualquier esfuerzo. O con cualquiera de los muchos "sustos" que demasiado a menudo rompen la relativa paz y armonía con su torpeza insidiosa.
Un recurso del que resulta innecesario abusar -por el mero hecho de abusar- como prueba 'La maldición de Widow's Bay', al igual que esta, una producción cuya dirección de arte y de fotografía unido al buen hacer de su reparto y su toque cómico consolidan un encanto que no hace falta "romper" a la mínima.
Es, un poco, como si McCarthy condensará todos los episodios de 'La maldición de Widow's Bay' en uno solo. Todo agolpado, gritando por reclamar casito, e hilvanado a través del "susto gratuito" en apariencia requerido para llamar, de verdad, la atención (¿de quien no es capaz de sugestionarse en silencio?).
Cosa que hace... de igual manera que un río desbordado en comparación con uno que no. La experiencia vence a una película que, a riesgo de no encontrarse, se dedica a avasallar a un espectador tan cortejado como molesto que termina con Síndrome de Estocolmo sin saber si ha sido un secuestro o vacaciones.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



No había leído la crítica de Wancho antes de verla y coincido en casi todo. Mezclas demasiadas cosas y no acaba de funcionar en prácticamente ninguna. Bueno "funcionar" quizá es injusto. Digamos, "destacar".
Quiere ser la típica película de asesinatos en un hotel, con incluso algún toque sutil de comedia. Quiere contarnos el drama personal y familiar de un protagonista atribulado y algo gilipollas. Quiere ser una película de terror con jumpscares. Quiere ser una película de terror sobre brujería y folclore local. Y quiere darnos una atmósfera densa y un relato en el que, con tanta cosa, también consiga ser pausada y se detenga a enseñarnos cositas y figuritas malrolleras de los escenarios. Damian McCarthy quiere demasiadas cosas. Y quien mucho abarca... pues hasta se contraprograma o se chafa. Porque querer conseguir una atmósfera pausada y a su vez darte mucho estímulo y jumpscares repentinos puede ser contraproducente.
La verdad que le tenía fe y se queda en como mucho un "bien sin más". Pero bueno, se valora su intento de algo diferente. Y personalmente, como friki de los videojuegos de survival horror, me ha gustado ver cositas que me han recordado a alguno de ellos o a personajes de los mismos.
Nota: 6