Buscador

Twitter Facebook RSS

'La serpiente de Essex' - Ayer, hoy y mañana

Vía El Séptimo Arte por 14 de mayo de 2022
Imagen destacada

Vaya por delante una cosa para los más despistados de la casa: 'La serpiente de Essex' no tiene nada que ver con series como 'The Terror' en las que algún tipo de criatura acosa a un grupo de personas en situación de desventaja. Hay (o no hay) una criatura por allí, en alguna parte, amenazando a un grupo de personas desde la sombra (o en sus cabezas), pero no es una historia de monstruos, sino de personas. Como si el jinete sin cabeza de 'Sleepy Hollow' hubiera estado en su momento arrinconado por la floreciente historia de amor entre Johnny Depp y Christina Ricci.

'La serpiente de Essex' tampoco es 'Sleepy Hollow', pero de serlo Claire Danes haría las veces de Depp y Tom Hiddleston sería Ricci. La ciencia contra la fe unidos por el corazón dentro de una historia de supersticiones y pasiones, de amor y miedo. Y si no es la citada película de Tim Burton es porque el motor de esta adaptación de la novela de Sarah Perry no es la acción, sino los personajes. Los interpretados con maestría por Danes y Hiddleston, pero también por los interpretados de forma no menos atinada por Clémence Poésy, Hayley Squires o Frank Dillane.

'La serpiente de Essex' es sobre todo una historia de personajes. Un drama romántico y existencial aliñado con la esencia neblinosa del llamado 'folk horror' en donde por encima de cualquier otro elemento formal o dramático, los giros y las revelaciones surgen del tratamiento de unos personajes atormentados y rotos, cada uno a su manera, y de los arcos evolutivos que de manera orgánica les transforman durante el relato. Un intenso ejercicio dramático cuya densa maraña discursiva va más allá del consabido enfrentamiento entre lo que sabemos y lo que creemos saber.

Esto es, ciencia y religión. Lo que creemos saber contra lo que queremos creer. 'La serpiente de Essex' brilla en la fluidez, en la sutileza y en el mimo por el detalle soterrado y el subtexto con el que despliega su sensibilidad de manera accesible y a la vez compleja, tanto a través de cada línea de diálogo como sobre todo, a través de cada mirada furtiva o gesto contenido. Un relato en cierto sentido de corte clásico que al igual que 'Pachinko', en apariencia parece poco menos que una lujosísima estampa encorsetada y empaquetada para la temporada de premios.

En apariencia, quizá, porque al igual que la mencionada serie de Soo Hugh hablamos de un modelo de televisión incorruptible, insondable y atemporal que no se pliega ante ese público impertinente que demanda productos más directos, concisos y ligeros. O más modernos y caducos. Así, 'La serpiente de Essex' es, al igual que ya que estamos 'Pachinko', una nueva y modélica serie de Apple que bajo el temeroso brillo de su fastuosa y virtuosa factura técnica, funciona por la acertada madurez elemental y servicial con la que retrata emociones básicas pero universales.

O porque sus giros son siempre a consecuencia de las motivaciones de sus personajes, y no la manera más o menos efectista, más o menos gratuita, más o menos apresurada de darles forma. O porque deja algún tipo de residuo que nos acompaña una vez llegado a su final, cuando en vez de ponernos a buscar otra cosa que ver para matar el tiempo decidimos, aunque sólo sea durante un instante, reposar y reflexionar sobre lo que acabamos de ver. Aunque en realidad sean este tipo de series las que deciden apostar por quedarse con nosotros ayer, hoy y mañana.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



La serpiente de Essex

Temas relacionados

< Anterior
Siguiente >

Noticias relacionadas