Buscador

Twitter Facebook RSS

'Los muertos no mueren' - La maté porque era mía

Vía El Séptimo Arte por 28 de junio de 2019
Imagen destacada

'Paterson' fue toda una sorpresa para mí. Fue la primera vez que conecté con el cine de Jim Jarmush. La primera, y probablemente, visto lo visto, también la última vez. La excepción que confirma la regla. 'Los muertos no mueren' me ha devuelto a una realidad que me ha golpeado duramente, y con la mano bien abierta.

Escuece, sobre todo, porque después de 'Paterson' había algo de expectación. Duele, particularmente, porque tantos nombres de sobra conocidos se presten tan desvergonzadamente a participar en esta broma pesada que es 'Los muertos no mueren', una tontería sumamente autocomplaciente y descaradamente autoindulgente.

'Los muertos no mueren' es una clara alegoría de la América contemporánea, también de la América de Trump. Una alegoría tan sutil como matar moscas a cañonazos, tan compleja como una mala comedia de un Adam Sandler que Dios tenga en su gloria. Una retahíla de gracietas sin oficio ni beneficio, ni mucho menos alma.

Me viene a la cabeza, como una de Quentin Dupieux pero sin la gracia de Quentin Dupieux. La pereza y acomodamiento que desprende 'Los muertos no mueren' es incluso asquerosamente pueril, demasiado "encantada de haberse conocido" como para disimular que se trata de una reunión de amigotes a cuenta de la casa.

Me viene el abuelo Cebolleta, erre que erre con sus batallitas. Jarmush, "el autor", adormilado al calor de su propia leyenda y consumido por unos zombis a los que deja sin expresión. Quizá, por miedo a que alguien abra la puerta y se encuentre con que su leyenda es la cinta de un roñoso radiocasete puesta en bucle.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


Temas relacionados

< Anterior
Siguiente >

Comentarios

Noticias relacionadas