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'Men in Black: International' - Rest in Black

Vía El Séptimo Arte por 14 de junio de 2019
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'Men in Black: International' nace con la clara, aviesa y sibilina intención de resucitar una franquicia, la de 'Men In Black', a la que el éxito le quedo tan grande como para herirla de muerte. Una teórica franquicia con la que sus responsables se encontraron casi por accidente y con la que Sony Pictures no ha sabido muy bien qué hacer. Ni antes ni ahora.

Piensen por un momento lo que los responsables del 'Universo Expediente Warren' hubieran hecho con tanto bicho. Y todo ello por dos duros. Sony no, Sony lo fió casi todo a una sola baza: La cuenta corriente de Will Smith. ¿Cómo no va a resentirse la franquicia sin Will Smith... si con él al frente dicha franquicia tampoco fue a ninguna parte?

La primera película, la de 1997, era indudablemente simpática. Y aún lo es hoy en día. Incluso entrañable. Una película que funciona, pequeña aun con un presupuesto grande y con una pareja protagonista a la que aún pagaban relativamente poco. Desde entonces poco más que soltar dinero en vestir a una mona con traje, corbata y gafas de sol.

Soltar dinero, que cuando se trata de un blockbuster parece que se suelta con una alegría en ocasiones hasta ofensiva vistos los resultados. A gastar en todo menos en lo que verdaderamente viste una película que de película, acaba teniendo más bien poco. Como el que se va de borrachera y tanto lo disfruta que su único recuerdo es la resaca.

'Men in Black: International' no es una excepción, sino la confirmación. El tipo de secuela que reincide en los defectos de una franquicia en lugar de en sus aciertos; el tipo de secuela que acaba con una franquicia en lugar de reanimarla. Y una película que existe porque sí, porque así son las cosas; porque algo "guay" y "molón" hay que estrenar en verano...

Si es que lo es decir constantemente que algo es "guay" y "molón" sin darnos ninguna prueba del por qué lo es durante 90 minutos. Porque lo dicen, porque se supone, porque lo simula. 'MIB: International' es un eco lejano de una película de éxito. Una imitación a lo pobre, vago y perezoso que parece mentira que no sea una imitación hecha en China.

A Thessa Thompson le queda grande el traje, mientras que la sonrisa de Chris Hemsworth no da para tanto y a Liam Neeson ya no hay quién le tome en serio. La cuarta (y última, ¿no?) entrega de la franquicia no es sino la típica y ramplona producción veraniega que, como un cubito de hielo, parece concebida para ahogarse en un vaso de agua.

Para ser un teórico reinicio es más de lo mismo, como secuela en prácticas es "más pero menos" de lo mismo. Una película que depende tanto de las señas de una identidad heredadas que es esclava de un carácter que ni parece ni hace suyo. O la incómoda apariencia de una película que está forzada a vestirse como una puta barata y cocainómana.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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