'Buena suerte, pásalo bien, no mueras'
¿Se acuerdan de la Trilogía del Cornetto?
'Buena suerte, pásalo bien, no mueras' podría ser, vendría a ser como una de aquellas películas de Edgar Wright dirigida por Gore Verbinski, con Sam Rockwell haciendo las veces de Simon Pegg; más concretamente 'Bienvenidos al fin del mundo', por razones postapocalípticas más o menos evidentes.
Como es más o menos evidente la amenaza de la tecnología o la IA. Todos hemos visto 'Terminator', por ejemplo. Es normal sentir algo de miedo, pues al fin y al cabo el hombre es como es. Imperfecto. Voluntarioso... pero imperfecto, como lo es la propia 'Buena suerte, pásalo bien, no mueras'.
Una película, una suerte de película de aquel Edgar Wright dirigida por Gore Verbinski, del estilo a 'Bienvenidos al fin del mundo', sólo que con más vergüenza que desparpajo. Un difícil equilibrio con una clara vocación de título de culto para freaks, en una rareza voluntariosa... pero imperfecta.
Tan imperfecta como irregular, en lo que también podríamos describir como una especie de sátira fantástica a lo 'Todo a la vez en todas partes'... pero sin la energía y la determinación de aquella, toda vez que Verbinski no se atreve a abandonarse ni al caos ni a la locura que demandaba la situación.
Verbinski tira con el freno de mano: Si la de los Daniels era exceso, en la de Verbinski es contención. Como si el autor de 'Rango' o 'La cura del bienestar', tan dado a los excesos en esta ocasión no tuviese dinero para ellos... Así, 'Buena suerte, pásalo bien, no mueras' se nos queda un poco a medias.
Una obra irregular, con claros vaivenes de ritmo e interés -por culpa de unos flashbacks innecesarios- que no acaba de sentirse tan desmadrada como la situación que plantea. O como la estupenda caligrafía del cineasta también responsable de 'El Llanero Solitario' a menudo nos intenta sugerir.
Como si fuera una 'Coherence' hinchada (y devaluada) a millones, 'Buena suerte, pásalo bien, no mueras' acaba siendo un gran meme (o tráiler) diluido en una duración excesiva de dos horas, con bondades intermitentes que aguantan el visionado pero que no lo impulsan a donde deberían.
Se sigue echando de menos a ese Gore Verbinski... tanto como por cierto, también, a aquel Edgar Wright.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex






