'Clayface' - Bajar al barro
Salta a la vista: 'Clayface' tiene mucho más en común con 'Joker' que con cualquier otra película de DC y, por extensión, con la amplia mayoría de los titulos que se adscriben al género "de los superhéroes". De hecho, a pesar de su elemento fantástico, este "Cara de Barro" podría ser vecino de 'El Pingüino' y, por qué no, dejarse ver junto al Batman de Matt Reeves.
Por poder, podría. Encajaría. Como también le encajaría ser el 'Darkman' de DC, aunque sin tanta personalidad como la de Sam Raimi, ni tampoco tanta acción ni sentimiento pulp. Porque esta 'Clayface' está más próxima al cine de terror. Aunque no es tanto la historia de un villano, como la de un antihéroe trágico que no necesita un superhéroe para tener una razón de existir.
Nada que ver con el Universo Marvel de Sony, siendo evidente que Warner Bros. se ha tomado en serio hacer una película... seria. Demasiado seria tal vez, siendo que el clasicismo que la envuelve también parece contenerla. "Aunque sin tanta personalidad como la de Sam Raimi", lo resume en gran medida: 'Clayface' es atrevida sólo a ojos de quien no tiene por qué ser atrevido.
Un riesgo controlado que coquetea con el lado oscuro, pero que nunca se abandona a él. Todo en 'Clayface' se muestra contenido, incluso sus devaneos con el terror corporal (por más que nos regalen la escena más incómoda del año a bordo de un avión). Sin la personalidad... o más bien, sin la contundencia de una apuesta firme y decidida, segura al 100% de sí misma.
Una apuesta clara de estudio donde los creativos se encuentran en libertad vigilada, donde no hay ese compromiso y confianza necesarios para romper el molde. 'Clayface' se acerca a los límites más que la mayoría de películas de su teórica condición, cosa que además hace de forma bastante convincente; pero en todo momento es consciente de dónde están esos límites.
Un riesgo controlado que apenas se pasa de la raya aunque amenace a menudo con pasarle por encima, derivando en una película siempre interesante y con varios picos de interés que sin embargo no termina de dar un golpe sobre la mesa como los que dieron Todd Phillips y Sam Raimi. En parte, por su miedo a dejarse llevar; en parte, por su excesivo respeto por sí mismo.
Tom Rhys Harries se esfuerza, pero no es Joaquín Phoenix. La puesta en escena de James Watkins es más que correcta, pero carece de la energía de un Sam Raimi. Rob Hardy es buen director de fotografía... pero no es Greig Fraser. Y aunque su CGI sea en general bueno, carece de la fuerza orgánica y plástica de un buen maquillaje que desafíe a la realidad y al espectador.
No deja de ser un filme "de marca" que si bien funciona y es bastante apreciable por sí mismo, se siente como un coche con aún olor a nuevo al que todavía nadie se ha atrevido a poner a más de 100. Porque a saber si vas a llegar antes... o a estrellarte. Se disfruta convenientemente del viaje de este "Cara de Barro", pero ni acaba siendo icónico, ni deja con ganas de pedir un bis.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex





