'¡La novia!' - ¡Está viva!
Es normal que Netflix se echase para atrás a la hora de producir '¡La novia!' porque, igual que sucede con la reciente 'Cumbres Borrascosas', se trata de una película con personalidad, surgida de la rabia y la inquietud, que se sale del molde. O del algoritmo, si así lo prefieren expresar. Una película en busca de pulso y alma que, a diferencia de la de Emerald Fennell, sí termina encontrando.
A diferencia también del 'Frankenstein' de Guillemo del Toro, sin ir más lejos un enfundado de un clásico constreñido por el miedo a darle algún volumen que pueda salirse del marco. Maggie Gyllenhaal por contra se echa al cuello, tanto de la obra de Mary Shelley como de la no menos icónica de James Whale. Se lanza, se arriesga. Sin miedo al qué dirán, sin miedo al fracaso o a la obra original.
Contar para ello con el favor de Jessie Buckley y Christian Bale es una ventaja, obviamente; también, contar con la generosidad de una Warner Bros. que en el último año se ha dejado la pasta en 'Mickey 17', 'Los pecadores', 'Weapons', 'Una batalla tras otra', la citada 'Cumbres Borrascosas' o esta '¡La novia!', entre exclamaciones de orgullo y pasión. Fuck IA, que le den a los algoritmos.
Vida y muerte, amor y odio, rabia y pasión, orgullo y prejuicio. No es menos obvio que '¡La novia!' posee un alma controvertida, desafiante. Una especie de cruce entre 'Bonnie y Clyde' y 'Joker: Folie à deux' -también de WB- que te podría haber amagado con dirigir el Yorgos Lanthimos de 'Pobres criaturas'. Un cruce no del todo redondo, pero siempre consecuentemente estimulante.
Gyllenhaal busca, aspira a reemplazar al original -bajo un canon moderno- mientras lucha, se afana por encontrar su propia voz y el derecho a existir de su versión. Una que va más allá del lujoso e hinchado tintado de conveniencia de Del Toro, y que a diferencia de esta o del 'Cumbres Borrascosas' de Fennell captura la esencia de su propósito en beneficio, que no en perjuicio de la obra.
De su película, de su monstruo. Como las de un Lanthimos al que le tenemos más tomada la matrícula. Lo de Maggie Gyllenhaal puede ser una excepción, un capricho, una casualidad. Quién sabe. Una excepción, capricho y/o casualidad inquieta, brava y con ganas de vivir cuyo empoderado y resiliente grito de orgullo contenido se siente auténtico, fluido, orgánico. Esto es, se siente vivo.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




