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'Monarch: El legado de los monstruos' (T2) - Godzilla, Kong y otros titanes del montón

Vía El Séptimo Arte por 23 de febrero de 2026
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El Monsterverse de Legendary da el salto a la televisión con esta serie con la que no han reparado en gastos, tampoco en una segunda temporada que en líneas generales se siente, en pocas palabras, más asentada y aseada. Que no mejor necesariamente, aunque sí pueda funcionar mejor dentro de lo que es, indudablemente, un blockbuster "como los del cine" encapsulado en un formato televisivo que lo expande al mismo tiempo que a su vez lo contrae. 

No deja de ser eso, lo que comunmente conocemos como un "blockbuster". Un espectáculo en donde a pesar de toda la chachará, de toda la solemnidad o de las caras de seriedad, lo importante son unos titanes que siguen luciendo con el mismo esplendor digital que cuando los tenemos en la gran pantalla. Una presencia recurrente, aunque no omnipresente que sigue estando bastante bien dosificada a lo largo de sus diez (muy) entretenidos episodios.

Tan entretenidos como para que también sea recurrente el tatarear, aunque sea mentalmente la característica melodía que acompaña a los títulos de crédito iniciales; prueba inequívoca de que esta segunda temporada, más asentada y aseada, se disfruta (de nuevo) como es debido. Como el blockbuster que es y no deja de ser. El clásico blockbuster en el que los momentos más emocionantes coinciden con los momentos en los que los titanes están presentes. 

Los más emocionantes y relevantes; los que recordaremos, al ser cuando realmente prestamos el 100% de nuestra atención (a poco que tengamos puesto el volumen un poco alto). En realidad, en cuanto a resultados y prestaciones, 'Monarch: El legado de los monstruos' no dista mucho de sus homónimos cinematográficos; tampoco en una segunda temporada que sigue desarrollando dos líneas temporales en base a qué Russell aparece en pantalla.

La importancia y trascendencia de los hechos que relata o de sus revelaciones es tan relativa como en las demás entregas del Monsterverse. Como en cualquier otra producción que no haya inventado ni la rueda ni el fuego. Rick O'Connell lo explicaba muy bien en 'El regreso de la momia': "¿Ya lo sabías? No, pero siempre es lo mismo". Una afirmación aplicable a conveniencia que cada cual, libremente, puede interpretar en función de sus gustos, simpatías y filiaciones.

En ese sentido, 'Monarch: El legado de los monstruos' no se siente que cuente nada realmente novedoso o particularmente apasionante; tampoco coquetea con llegar a hacerlo, siendo que ante la duda suele apostar siempre por una decisión conservadora que, por descontado, no conlleve nada controvertido. Es un blockbuster, es espectáculo; es músculo, son titanes. Son Godzilla, Kong y otros monstruos del montón con ganas de, no más que salir de juerga.

Su segunda temporada, tal vez, más asentada y aseada, no cambia eso, sino que lo refuerza con la convicción y confianza de quien "hace de más" lo que funcionó a la primera mientras "hace de menos" lo que no lo hizo tan bien. No es mejor necesariamente, aunque sí pueda funcionar mejor dentro de lo que, sin duda, es un blockbuster tan sólido "como los del cine" a la hora de hacerse la interesante como, sobre todo, de mantener la narración en constante movimiento.

Porque, en efecto, se trata, en ese sentido, de una buena serie. Más, al mismo tiempo es, también, y al igual que las demás entregas del Monsterverse, y por más que nos pueda pesar, una suerte de pasatiempo complaciente con el que es tan fácil comulgar como despreciar. El reclamo principal no dejan de ser sus monstruos, y con ello sus efectos especiales. Nos pueden vender todo lo que tu quieras, pero lo cierto es que si les quitas a Godzilla, Kong y al otro...

... ¿qué te queda? Más de lo que parece, aunque no necesariamente más que de sobra, en un MonsterVerse con un modelado algo más televisivo y racionado y menos decidido que el cinematográfico, por más que pueda lucir como en las mejores ocasiones. Eso se nota en los remates, en los "Continuará" o en su contención y mesura generalizadas; en que rara vez va a por el partido con determinación, sabedora de formar parte de un universo más grande.

Se trata de un buen producto televisivo que mayormente hará las delicias de los que busquen más entretenimiento que diversión; más, a pesar de su constancia y solvencia, las posibilidades más gamberras y lúdicas de la franquicia quedan algo diluidas en un día a día que, si bien, es extremadamente llevadero y resultón, no es tan contundente como las dos horas de destrucción mucho más compactas y directas que pueden llegar a ofrecer una película.

Aún siendo esta segunda entrega más entretenida y ágil, la serie sobre todo aporta más minutos de un drama humano que sigue dependiendo de los titanes para resultar relevante dentro de su propia ficción. No tiene por qué ser algo malo en una producción del MonsterVerse estar a la sombra de Godzilla, Kong y los demás. Pero sí es una sombra tan alargada como esquiva que siempre está presente y que provoca que la serie no termine de llenar, tampoco a la segunda a pesar de sus indudables méritos y una mayor predisposición.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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