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'Pinocho' - El cuento de los cuentos

Vía El Séptimo Arte por 18 de septiembre de 2020
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No miento al decir que este 'Pinocho' me provoca sentimientos encontrados por culpa de la fidelidad, o aparente fidelidad de Matteo Garrone tanto hacia la obra original de Carlo Collodi como hacia su propia sensibilidad como realizador, con 'El cuento de los cuentos' como clara (y tal vez única) referencia. No cabe duda de que estamos ante el 'Pinocho' de Garrone, aunque sí muchas sobre lo propicio de una asociación más bien poco propicia.

Al menos para un servidor que ya tuvo a bien llevarse mal con aquella 'El cuento de los cuentos' con la que este 'Pinocho' tiene tanto en común. De hecho, lo que podemos pensar de aquella perfectamente lo podemos pensar de esta, siendo nuestra impresión sobre ambas prácticamente intercambiables. La coherencia narrativa y la consistencia estética entre las es obvia, evidente, esencial. Casi las mismas virtudes, casi los mismos defectos.

Casi la misma agridulce sensación de ni contigo ni sin ti, no vaya a ser que nos pillen en un renuncio. Casi que si como que casi que no, que aquí encontramos un factor que la hace aún más desconcertante, si cabe: No tener claro hacia qué tipo de público se dirige, si se trata de un cuento para niños o de uno para adultos. Entre medias, lo dicho, un todo desconcertante tan a menudo como tan a menudo intenta ser ambas cosas. Todo y nada a la vez.

Ya no es sólo su inconsistente esquizofrenia tonal. Es también su falta de ritmo, de nervio o de tensión derivada de su falta de sorpresas, en un rutinario deambular episódico cual repaso a la lista de la compra donde lo único que da la nota es el diseño antropomórfico de los personajes, tan estrambótico como la mayoría de las veces innecesario y ridículo. Demasiado omnipresentes y prominentes como para obviar su agresiva y superflua intrascendencia.

Más dignos de una fiesta de disfraces comprados a última hora en un Todo a 100 que de una producción con 11 millones de euros para despilfarrar a lo largo de dos largas y pesadas horas.

Este 'Pinocho' pretende ser tan fiel, al títere y a su titiritero que acaba siendo una víctima de su falta de perspectiva. Y de espíritu (auto)crítico. Demasiado fiel, demasiado próxima a la diana como para ver más allá del centro de la misma, ensimismada en un discurso loable por su valentía casi suicida, tan próxima a la locura como a la parodia, desvergonzada y valiente, aunque muy poco inspirada y nada emocionante de especialmente, ella misma.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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