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'Uno para todos' - Porque algo queda

Vía El Séptimo Arte por 16 de septiembre de 2020
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Cada vez que veía el anuncio de 'After. En mil pedazos' durante el pasado mes de agosto no podía dejar de pensar que parecía ser algo así como la versión "a lo pobre" de la voluminosa 'Normal People'. Y es que casi siempre relacionamos todo tipo de películas y series en base a su apariencia; a veces con parecidos más que razonables, otras veces no tan comunes.

Es obvio que 'Uno para todos' recuerda a simple vista a otras películas sobre profesores que enseñan a sus alumnos, o sobre alumnos que enseñan a sus profesores. Es más que razonable, es lo suyo, de eso se trata y la frase promocional que adorna su póster no deja mucho margen a la especulación: "Un profesor te puede cambiar la vida. Un alumno también".

Ahora bien, lo importante ante todo es que a diferencia de por ejemplo 'After. En mil pedazos', dista de ser una versión "a lo pobre" de un modelo que replica con la suficiente mano diestra para que se presente, si bien no como algo nuevo, fresco o relevante, si como algo que entra tan bien como tan bien sale. No, no te cambiará la vida. Pero tampoco te hará perder el tiempo.

A su favor su sencillez y ligereza. También su cercanía, así como un personaje como el de David Verdaguer que lejos de comportarse como un Sr. Keating se convierte en lo que a efectos prácticos sería un simple mortal de a pie. En alguien que da clase a un grupo de alumnos, y que como tantos otros desfilan por nuestra vida, perdure o no su recuerdo con el paso del tiempo.

Es la auténtica valía de 'Uno para todos': Todos hemos pasado por la enseñanza sin darnos cuenta, en la mayoría de los casos, hasta qué punto algunos profesores han podido contribuir a moldear quiénes somos o dejamos de ser hoy en día. También, que se pueden tratar temas complejos, serios, graves o peliagudos sin necesidad de hacer un dramón de todo ello.

A buen entendedor, pocas palabras bastan. Se supone.

Es cierto que cualquiera de los debates que proponen puede verse diluidos en su no tan obvia sencillez, o que su ligereza también pueda resultar superficial o algo descafeinada, no sin razón. Porque no, nos va a cambiar la vida. Como tampoco lo hizo aquel profesor que tenemos olvidado pero cuyo recuerdo pasajero nos provoca una leve sonrisa. Porque algo queda.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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