'Se tiene que morir mucha gente' -
Todos tenemos una voz interior.
En 'Se tiene que morir mucha gente' -algo en lo que, admitamos, solemos pensar de vez en cuando- la voz interior de Anna Castillo adopta la forma de Sofía Otero. Es fácil darle rienda suelta, dejar que hable y se venga arriba para decir cosas como "escoñar" que rara vez pronunciaríamos. Aunque no es tan fácil tomarla mediadamente en serio.
A la propia 'Se tiene que morir mucha gente' tampoco se la puede tomar demasiado en serio. De eso se trata, precisamente: De una comedia dramática que pueda confundirse con una sátira (y viceversa) de lo que vendría a ser, así, a grandes rasgos, la vida. Porque sin un mínimo de sentido del humor, la vida es un coñazo. Un poco por todo en general.
Pero sobre todo, por culpa de la gente que se toma la vida y las cosas en general demasiado en serio; a menudo, adalides del postureo más neutro e institucional. De la gente a la que dan ganas de marcarles los cinco dedos en la cara. Lo habrán visto más de una vez: Primero, mostrar lo que haríamos, y después, a continuación, lo que hacemos de verdad.
'Se tiene que morir mucha gente' (y ya de paso irse a tomar por culo) va un poco de eso. Del choque de una nueva sociedad que no se siente obligada, incluso capacitada para cumplir con lo normativo (por más que le guste "normativizar" todo con etiquetas). Una especie de choque generacional en el que la vida no tiene por qué ser sólo... la vida.
Una nueva sociedad infantilizada
Infantil.
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Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



