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'The Mauritanian' - Ni rutina ni pasión

Vía El Séptimo Arte por 18 de marzo de 2021
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¿Se acuerdan de 'The Report', la estupenda película de Scott Z. Burns? 'The Mauritanian' viene a ser más de lo mismo, dicho sea desde la comodidad y seguridad de una butaca de cine. Más... de lo mismo, claro está, es un decir. Las dos películas se acercan de manera adulta a un mismo tema, los abusos ilegítimos que cometieron ciertas autoridades de Estados Unidos con la excusa de aquel 11 de septiembre de 2001, de manera bien distinta.

'The Mauritanian' sería una visión más convencional, en un relato que tiene mucho de clásico y complaciente. Kevin Macdonald desde luego sabe dirigir, otra cosa es que sea un artesano y no un autor. Eficaz y muy profesional, capaz de representar pero sin embargo no de proyectar. 'The Mauritanian' funciona de manera solvente y muy competente como película, pero como obra de denuncia queda reducida a no más que una especie de brindis al sol.

No hay mal que por bien no venga: 'The Mauritanian' trata un tema serio de manera tan ágil como a la vez accesible. Por contra deshumaniza el periplo de Mohamedou Ould Slahi, pilar maestro de esta bienintencionada producción que encaja, formalmente, demasiado bien dentro de los cánones preestablecidos. Como si fuera una más, y más de lo mismo dicho sea desde la comodidad y seguridad de una butaca de cine.

'The Mauritanian' se queda corta a la hora de transmitir rabia, frustración o indignación, siendo una producción que ofrece más o menos lo que cabe esperar cuando más o menos hay que esperarlo. Como si fuera una ficción rendida a un manual antes que a un pedazo de la vida de alguien. Despachada antes que realizada. Como el que va a una manifestación porque hay que ir, no porque crea que debe ir. Porque simplemente, es lo que toca.

No es rutina, pero tampoco pasión. Y a pesar de su intachable narrativa o de las sentidas actuaciones de Tahar Rahim y Jodie Foster, 'The Mauritanian' está resuelta con tanto oficio y formalidad que cuesta, desde la comodidad y seguridad de una butaca de cine, que aflore alguna emoción auténtica. Que no la veamos como otro manipulador e higiénico basado en hechos reales tan interesado en azotar conciencias como en la venta de palomitas.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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