71 Seminci - Parte II
Bienvenidos a la segunda de las crónicas que vamos a dedicarle día tras día a la edición número 71 de la Seminci - Semana Internacional de Cine de Valladolid, la cuarta que un servidor cubre para El Séptimo Arte.
'Club Kid' - La ópera prima de Jordan Firstman desprende la misma electrizante, vibrante y frenética energía neoyorkina de títulos como 'Diamantes en bruto' o 'Anora'. Tan arrolladora... como irresistible. La ópera prima de Jordan Firstman (protagonizada por el propio Firstman -en un papel a su medida-), básicamente, es una enérgica comedia dramática paternofilial que funciona como el reverso LGBTIQ+ y/o de A24 de 'Un papa genial'. Puede que en su último tercio le entre el vértigo de las primeras veces, pero que su resolución carezca de la rotundidad de sus inicios no reduce su huella: la de una película después de todo, ni tan underground ni tan maricona que sale tan metida en el partido que lo deja vista para sentencia nada más pisar el campo. *******
'Minotauro' - Creo que lo digo siempre que veo una película suya: Andrey Zvyagintsev rueda como Dios. Y esta su última película, nueve años después de la anterior, no es la excepción. Una película que se hace fuerte no en lo que cuenta, sino en cómo y cuando lo cuenta: en la Rusia de 2022 atravesada por la guerra y la movilización militar. No es tanto la disección de una familia burguesa como, obviamente, de la sociedad rusa contemporánea, indiferente ante su propia resignación. De una impecable rigurosidad en fondo y forma, puede que la película no sorprenda demasiado en lo argumental, o que pueda resultar algo morosa en su pulcra sobriedad, si bien, servida con la maestría con la que lo hace Zvyagintsev, resulta virtualmente hipnótica. *******
'Rose' - La verdadera historia de una estafadora e impostora. Ella es Sandra Hüller, sin duda una de las actrices del momento. El alma de esta fábula trágica sobre una mujer que se hace pasar por un hombre en un aislado pueblo del corazón de la Europa del siglo XVII. Filmada en un inmaculado (e impasible) blanco y negro, la película destaca por la cruda y concisa parquedad con la que Markus Schleinzer desenvuelve esta mesurada deliberación perfectamente empaquetada en sólo 90 (magnéticos) minutos de metraje. Directa y al grano, se trata de un modélico ejercicio de economía narrativa que resplandece en una honesta pero áspera simpleza desprovista de cualquier adorno superfluo. Tan meticulosa como elocuente. Y contundente. ********
'La Gradiva' - La ópera prima de Marine Atlan sigue a un grupo de adolescentes franceses en su viaje de fin de curso a Nápoles y Pompeya. Y así durante dos largas horas (y pico) que podrían haber sido una más o una menos. Es innegable la naturalidad orgánica que le imprime la directora al conjunto o de todo el reparto, como al mismo tiempo que en gran medida se trata de pura y simple divagación. Que su retrato de la adolescencia nos pueda parecer más o menos certero, más o menos farragoso puede depender de lo mucho o poco que se nos hagan bola sus medias tintas, su tibieza y/o su mesura. Aunque cuanto menos, cabe apreciar (y respetar) su empeño en rehuir los clichés (por más que recurra a uno para ponerle un fin que justifique los medios). ******
Continuará...
Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex




