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'La modista' - Del revés

Vía El Séptimo Arte por 18 de marzo de 2016

La modista

Escribo estas líneas sobre los restos de lo que algún día fue mi programa en sucio del Festival de Sitges. Bueno, sobre su reverso ahora convertido en lo que yo siempre he conocido como "papel bruyon" (o algo escrito de forma parecida). Así, sin dejarla botar y de primeras, a mano y con la mano de camino a ninguna parte en un solitario vagón de metro, para que no se diga. Con dos bemoles. "Puto troll" pensarán algunos, "puto troll" dirán otros mientras en sus oídos suena Audioslave, algo con lo que no sé por qué en estos mismos instantes me siento plenamente indentificado... En fin, ¿de qué estaba hablando...? O más bien, ¿de qué estaba dejando de hablar (mientras tanto)?

Escribo este texto sobre -en teoría- 'La modista' sin dejar que repose, en caliente y con los estragos de San Patricio aún corriendo por mis venas. Que no le interese a nadie ya es otra cosa. En fin, a lo que iba y a ver si voy, qué allá vamos. 'La modista' representa el concepto del WTF como género cinematográfico a la perfección. Así, sin pensar, sigo sin saber que pensar. Y eso me gusta tanto como me horroriza, si es que eso es posible. Será ese factor inherente a toda producción aussie, recóndito lugar del planeta en dónde perder la cabeza parece una condición innegociable.

Justo antes de ver la película hablaba con un amigo sobre lo aburrido que puede llegar a ser la clase media en lo cinematográfico, esas películas sin alma que observas distraído de igual modo que te distraes, con la tontería, explotándote los granos de los huevos mientras estos aún están calentitos tras un baño... calentito. A él no le gustó 'La modista', a mí me ha parecido irresistible porque, precisamente, de la aburrida y gris clase media tiene más bien poco. Y eso mola, porque más allá del bien y del mal lo peculiar, estrafalario y estrambótico siempre supone un vientecico fresco.

En lo bueno y en lo malo, por supuesto, en todo y a la vez en casi todo, a menudo según nos haya atizado la vida a lo largo de ese día. No es que 'La modista' sea "rara" como vulgarmente entendemos la "rareza", es que 'La modista' es una película lo suficientemente peculiar como para abrir una puerta de entrada a algo. Algo, lo que sea... que sea. Puede ser al amor, al odio, a una combinación de ambas o a una cara de manifiesta incomprensión. Pero nunca a la indiferencia. Y eso siempre es algo conceptualmente respetable aunque no terminemos de comulgar con su religión.

Escribo estas líneas sobre los restos de lo que algún día fue una entrada para ver 'Palmeras en la nieve'. Y así está el nivel. 'La modista' podría ser una honorable representante de la clásica historia amable, pacífica y sobre todo condescendiente para con el espectador que fluye armoniosamente hacia el olvido. Pero no. En cuanto te acomodas en lo cotidiano te sorprende, a pie cambiado, con un acorde tan potencialmente demencial que muy posiblemente, en ese instante, no sepas discernir si los australianos se dieron un golpe al nacer o es que simplemente ven el mundo del revés.

'La modista' sería un material ideal para aquellos hermanos Coen que no perdían el tiempo con César, Spielberg o la Jolie, vaya. Una propuesta surrealista y transgénero que pone a prueba las convenciones del espectador con un sentido del ridículo en apariencia nada fortuito ni accidental que balancea, constantemente, entre la genialidad y la estupidez de la que son capaces los seres humanos, también por supuesto los australianos. 'La modista' combina tantas y tantas prendas que no quedarse nunca en pelotas -amenazando constantemente con ello- es un logro de alta costura.

Quizá no sea casualidad que su directora, Jocelyn Moorhouse, comparta cama con el también realizador (y australiano) P.J. Hogan. Si se acuerdan del último filme de este, 'Mental', que sepan que es primo hermano de esta 'La Modista'. Siempre al borde del precipicio, por activa o por pasiva, pero a la vez siempre cerca de allí donde las emociones están a flor de piel. O lo que es lo mismo, algo distinto, diferente, tan genuino como desconcertante. Y ahí es dónde reside su auténtico valor, no ser un traje hecho a medida de la audiencia: es la audiencia la que tiene que tomarle la medida.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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Comentarios

  • Avatar de Beyond
    Beyond 11 de Abril de 2016, 12:39:02 am
    Ni por lo más remoto esperaba encontrarme algo así cuando fui a ver la película. La idea preconcebida que tenía de ella era la de un filme de época refinado y me he encontrado con una historia bastante pasada de rosca y con mala leche a raudales. Una extraña mezcla de western, drama, comedia negra, película romántica y suspense que, para bien o para mal, no te deja indiferente. Si no le pongo mejor nota es porque es demasiado surrealista para mi gusto, si hubieran limitado esa excentricidad seguramente le habría dado algún punto más.

    Le doy un 6.
  • Avatar de Wanchope
    Wanchope 11 de Abril de 2016, 05:12:01 pm
    Ni por lo más remoto esperaba encontrarme algo así cuando fui a ver la película. La idea preconcebida que tenía de ella era la de un filme de época refinado y me he encontrado con una historia bastante pasada de rosca y con mala leche a raudales.

    Este es un factor tan estimulante como peligroso. Yo creo que por eso mismo nos gustó a los dos, mientras que a mi chica le pasó todo lo contrario. Saltarse mi idea preconcebida hizo que me cayera bien. :poss

    Si no la has visto prueba a darle una oportunidad 'Mental', de P.J. Hogan que viene a ser un poco de este estilo. Al igual que 'La modista' no me atrevo a recomendarla, pero igualmente me resulta como mínimo curiosa:

    https://www.elseptimoarte.net/peliculas/mental-4634.html

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