'Resacón en Las Vegas': A la quinta, tal vez, fue la vencida
A veces las cosas son, o pueden ser así de sencillas: 'Resacón en Las Vegas' es una comedia que funciona. Que funciona realmente bien.
A la medida de lo que se propone. De lo que pretende. De a lo que aspira. De a lo que de hecho, debería aspirar a ser toda comedia, ya sea (o se considere) más o menos tontorrona. De lo que como espectador cabe exigir para, en efecto, poder llamarla "comedia" sin cargo alguno de conciencia.
Como, de hecho, no había funcionado hasta la fecha ninguna de las cuatro anteriores de Todd Phillips. Dejando al margen que alguna de aquellas nos pueda hacer más o menos gracia, 'Resacón en Las Vegas' es la primera que realmente funciona como comedia, y además, como película.
Que realmente funciona como es debido, en una sólida y ágil lección de eficacia cómica construida con una seriedad, por desgracia, que no es habitual en un género en el que se tiende a la improvisación, al chiste fácil, al trazo grueso y dar (demasiada) cancha a cómicos que a menudo no parecen serlo.
Puede que no sea una película perfecta, ni tan siquiera redonda. Pero está sostenida por algo se supone que esencial, un guión. El extraño caso de una comedia que aún sin chistes podría funcionar como drama o thriller; que no es una burda excusa para montar un tráiler con cuatro gracietas.
La gracia, o más bien la simpatía que despierta 'Resacón en Las Vegas' surge de un guión, de una historia que nos conduce con determinación, energía y ritmo a un punto determinado: A unos títulos de crédito finales donde dicha correosa simpatía explota, por fin, en una ristra de carcajadas.
A veces las cosas son, o pueden ser así de sencillas: 'Resacón en Las Vegas' es una comedia que funciona. Que funciona realmente bien. 90 minutos de una eficacia cómica construida con la misma seriedad de quien, ante todo, está haciendo una película. Una comedia, pero ante todo película.