'Dos fiscales' - Aún a pesar del gobierno
Miles de cartas de detenidos acusados falsamente por el régimen son quemadas en una celda de la prisión. Sin embargo, contra todo pronóstico, una de ellas llega a su destino: El escritorio del recién nombrado fiscal local, quien hará lo posible por reunirse con el prisionero. En la época de las grandes purgas estalinistas, un hombre se adentra en los pasillos de la burocracia de un régimen que no quiere ser tildado de totalitario...
La experiencia como documentalista de Sergei Loznitsa se hace notar en su regreso "a la ficción" siete años después, con este thriller moral ambientado en la Unión Soviética de 1937, en el corazón del terror de las grandes purgas estalinistas, e inspirado en la novela homónima del científico y escritor soviético Georgy Demidov, antiguo prisionero del Gulag.
Una película marcada por una puesta en escena austera y minimalista, y un tono visual oscuro y gris muy acorde, no por casualidad con lo burocrático. Y es que su fría y distante parsimonia testifical tiene mucho que ver con la odisea burocrática de su protagonista; una sensación respaldada por una cámara siempre estática que a menudo remite a las composiciones de Roy Andersson (pero sin ningún sentido del humor).
Una odisea relativa, como sucede con todo lo burocrático, pues buena parte de la misma se fundamenta en la espera, dando forma con ello a, en palabras del propio Loznitsa, "una tragedia moral sobre la fe ciega en el Estado y la colisión entre idealismo y realidad". Su protagonista, el mencionado fiscal local recién nombrado, criado con un espíritu romántico e idealista, pertenece a la primera generación posrevolucionaria. Un entusiasta de la sociedad del futuro que, seguro de su propia rectitud, siquiera sospecha que el mundo en el que vive, en el presente, está lejos de ser justo e ideal.
En esa convicción reside la dimensión trágica del relato: Su protagonista no es un disidente ni un opositor, tan sólo un creyente. Ahí es donde emerge la ironía que articula 'Dos fiscales', una película dividida en dos partes, con prólogo e interludio, fundamentada en la espera, paciente espera de un inconsciente que pretende hacer "lo que pueda" en nombre de lo que invariablemente, cree que es lo correcto. Aún a pesar del gobierno, aún a pesar del sistema.
Una odisea relativa, como sucede con todo lo burocrático, pues buena parte de la misma se fundamenta en la espera. En esperar, esperar y esperar un poco más, al igual que el espectador a que su narrativa hierática e impasible y su denso y pesado inmovilismo discursivo acaben compensando... sin llegar a hacerlo, en un final que realza su condición un tanto átona y plomiza. De ser más interesante sobre el papel que sobre la pantalla. Maldita burocracia.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex
