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'Hierro' - Cómplices de principio a fin

Vía El Séptimo Arte por 04 de junio de 2019
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Directo y al grano: 'Hierro' es un nuevo "greatest hit" de Movistar+, compañía que serie a serie se asienta como el apoyo principal y más ilustre de la ficción televisiva española actual. Un "greatest hit" por lo demás muy oportuno después del relativo traspiés que ha sido 'Instinto', posiblemente, su producción menos lograda... al margen por supuesto de 'Velvet Colección', serie que no obstante cumplió con el sencillo objetivo de llamar a la puerta de aquellos que aún ven las series desde el sofá de su casa cuando y por donde las echan en televisión.

Si lo de 'Instinto' fue una decepción, lo de 'Hierro' es toda una sorpresa, alimentada o no por dicha decepción y con marchamo ya no sólo de clásico moderno, sino también de una mención recurrente a la hora de hablar del estado de la ficción televisiva española. Me explico: Al igual que 'Vergüenza', 'Hierro' es una serie que no se ha gestado en el seno de Movistar+. Se trata de otro proyecto que el operador español ha rescatado de la papelera de reciclaje de una televisión en abierto que no supo qué hacer o cómo proceder con ella (sin prostituirla cosa mala).

Quizá, porque la televisión en abierto desconfía de un espectador al que también teme. Y no es extraño. No es el caso de un operador como Movistar+, como espero que a partir del año que viene tampoco sea el caso de una HBO que por fin se ha lanzado al ruedo. O de una Netflix que también, por fin, parece se ha dado cuenta que hay vida más allá de las producciones de Bambú "a lo Velvet". En fin, que 'Hierro' se beneficia de aquello que más nos gusta a los que, en teoría, dedicamos nuestro tiempo a ver series en lugar de hacer tiempo con cualquier serie.

De aquello que nos gusta a los que no somos esclavos del sofá y elegimos qué, cuando o cómo: Que nos cuenten una historia a golpe de guión, no de efecto. A todos nos gusta cuando Drogo escupe fuego... pero lo que acabamos discutiendo, incluso de manera violenta y encarnizada, es el por qué lo hace. Esto es, por la historia. No es una serie fundamentada tanto en los giros -que los hay, por supuesto- como en la dinámica de y entre los personajes. Sirva de ejemplo que no hay que esperar al último episodio para conocer qué pasó... o quién fue.

Como tampoco hay que esperar más de medio episodio para comprobar como la isla de Hierro se erige en un protagonista más. Su ubicación ni es un capricho ni un elemento superficial, un factor que une a 'Hierro' aún más si cabe con sus referentes. Referentes que no es difícil sospechar y en los que aún es más difícil no pensar. No es extraño, en ese sentido, que el desarrollo original de 'Hierro' coincidiese hace unos pocos años con el "boom" llegado del norte de producciones como 'Fortitude', 'Broadchurch', 'Atrapados', 'Bron/Broen'...

Y todas las demás que se os ocurran de aquella hornada de thrillers marcados por el aliento gélido de la Europa de más allá de los Pirineos. Todas ellas producciones con un crimen de por medio, todas ellas producciones que sacan un enorme partido a un entorno tan particular como peligrosamente traicionero. Todas ellas... más una: La propia 'Hierro', la tardía pero no por ello anticuada -ojo- aportación española con claro acento canario y cómo no, ese radiante luminosidad que alrededor del Mar del Norte parece que convierte una ficción en ciencia-ficción.

Lo mejor que se puede decir de 'Hierro' es, precisamente, como se sitúa a la altura de unos referentes ante los que no se amedrenta. Esta es, probablemente, la gran diferencia entre lo que pudo ser y lo que ha sido: Entre tener miedo al espectador y respetarlo; entre desconfiar o confiar en él. 'Hierro' confía en la medida que apuesta por sí misma. Por una historia por la que moriría si fuera necesario, dicho sea de manera tan romántica (como estúpida, lo admito). Por una ficción liberada de las cadenas de una audiencia caprichosa y poco paciente.

'Hierro' se crece como la estupenda ficción episódica que es, con ese mismo "buqué" que en mi vida inauguró 'Twin Peaks' a principios de los 90. El de la inquietud por ver cómo avanza una investigación cuya resolución, aunque importante, no lo es tanto como todo lo que la envuelve. El camino, no el destino que ahora dicen algunos fans de 'Juego de tronos'... Como aquellos "nordic noir" a los que remite, una ficción envuelta en una estupenda factura audiovisual y de claro sabor local pero con una enorme proyección internacional. Universal.

Una ficción creíble, como creíble puede ser el aura de aquellas cuyas sociedades no conocemos. Una ficción apoyada en lo cotidiano y el olor de lo hogareño. Una ficción, en suma y más importante, que no se siente como un producto surgido de la necesidad de rellenar una parrilla, sino de la necesidad de contar una Historia, con H mayúscula, a lo largo de ocho adictivos capítulos que definen, a la perfección, aquello que tanto nos gusta de una serie de televisión: Que nos mantenga expectante de un episodio a otro; que nos haga cómplices de principio a fin.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


Hierro

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