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'Hotel Bombay' - Cosas que sólo vemos que pasan

Vía El Séptimo Arte por 06 de septiembre de 2019
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'Hotel Bombay' gira en torno a los 12 atentados terroristas del 26 al 29 noviembre de 2008 en la capital financiera de la India, Bombay; principalmente, en torno a lo que ocurrió en el hotel Taj Mahal Palace & Tower. Una de esas cosas que no tendrían por qué pasar pero que por desgracia, pasan. Lo de menos es el por qué pasan, que al final como casi siempre pagan justos por pecadores. Que al final como casi siempre, lo acaban sufriendo aquellos que están en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. Los que simplemente "pasaban por ahí".

"Es fácil sentirse abrumado por el horror de lo ocurrido en el Taj", comenta el director de la película en las notas de prensa de la película. Un debutante, Anthony Maras, que ejerce para la ocasión de lo que nos viene a la cabeza cuando pensamos en Paul Greengrass (El Sr. Bourne aparte). Un referente tan evidente como recurrente. La reciente (en España) 'Utoya. 22 de julio' también es una mención más que oportuna por razones más que evidentes: La principal, su profundo cariz humano por encima de cualquier otro desinterés patriótico. Cosas que sólo vemos que pasan.

Dos de las cuatro principales virtudes de 'Hotel Bombay' son su elegante contención y su noble sobriedad. La tercera es su dinámica concreción: Apenas unas breves pinceladas a un lado y otro del fusil, apenas unas breves pinceladas entre disparo y disparo. Todo se reduce a la acción, a una cuestión tan básica como sumamente efectiva: Sobrevivir o matar. Todo es consecuencia, ni causa ni solución. Pero no a la manera en la que lo haría un cocinero interpretado por Steven Seagal, ni mucho menos a la manera en la que lo harían "los malos" en una película de Steven Seagal.

Otra importante virtud de 'Hotel Bombay' es su humanismo instintivo: Apenas unas breves pinceladas que no sirven para socavar, dentro de un reparto coral, quien es bueno o quien es malo. Todas son personas, todas quedan reducidas a la simpleza de un momento que si requiere de una vuelta de hoja, no es el momento: Un fusil, sobrevivir o matar. Es tan sencillo como práctico, tan simple como gracias a la buena mano de Anthony Maras, efectivo. Como el mecanismo de un chupete: Lo evidente no está reñido con un propósito que antepone lo humano a lo político.

Como con la mencionada 'Utoya. 22 de julio', habrá quién se pregunte ¿y qué más? Cosas que pasan, y que sólo vemos cómo pasan. No hay un antes, tampoco un después. Tan sólo unas breves pinceladas, y unas personas situadas a uno u otro lado de un fusil en un momento determinado: Sobrevivir, o matar. Sin héroe ni villano, 'Hotel Bombay' se convierte en puro nervio, pura incertidumbre. Casi dos horas de tensión marcadas por ese innato instinto humano que sin ningún interés en particular, resplandece como un ente desinteresadamente empático.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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