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'Instinto' - Cuando arde el embarcadero y no Madrid

Vía El Séptimo Arte por 09 de mayo de 2019
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"Parece que los superhéroes están castrados", decía el otro día Pedro Almodóvar en una entrevista para Vulture. "Los superhéroes tienen un género desconocido, la aventura es lo importante, parece", como si no fuera porque lo que parece, lo es. "Puedes encontrar mucho más sexo en una película independiente que en una de estas. ¡Pero el ser humano tiene sexualidad! Tengo la sensación de que la sexualidad no existe para los superhéroes". Y no sigo parafraseando al manchego que, sin acritud alguna, me da igual lo que piense si no piensa lo mismo que yo. Faltaría más.

¿Más sexo, para qué? ¿Acaso era necesario que el otro día Jaime Lannister se fuera a la cama con Brienne de Tarth? Si lo importante es lo importante, es porque lo importante es lo importante. "El nivel de erotismo que puedo soportar con mi madre son las tetas de Verónica Forqué", decía Ignatius Farray en 'El fin de la comedia'. ¿Es importante? O mejor dicho, ¿es relevante? No sé en qué momento del cine norteamericano un cálido beso fue sustituido por un polvete a contraluz... que en España está claro que, como siempre, Franco algo tuvo que ver. Faltaría más.

'Instinto' es puro sexo. No hay más que ver como a Silvia Alonso le han dicho que pose sexy en cada plano aunque no haya ningún ser vivo en un kilómetro a la redonda, no vaya a ser que nos olvidemos de la provocación. ¿Más sexo, para qué? Como el joven con línea de internet que una vez fui, recuerdo muchas escenas de sexo; que realmente fueran indispensables para la trama, ni la mitad; que realmente fueran provocadoras, más allá de que como hombre soltero o casado su "miniyo" siga siendo quién es hasta bien entrada la película, ni la mitad de la mitad.

Lo sé, me estoy yendo mucho por las ramas. Pero hasta el rabo todo es toro. 'Instinto', al igual que ya lo era 'El embarcadero', es una producción lastrada por unas intenciones que no necesariamente evolucionan en la misma frecuencia que sus posibilidades dramáticas. Y este es un concepto muy interesante como occidentales, que tendemos a buscar un culpable y/o un responsable antes que una explicación y/o un por qué. Y hecha la ley, hecha la trampa: Si la idea era hacer un thriller erótico, 'Instinto' es un thriller erótico. Y leído de forma literal, no suena del todo mal.

Pero, lo siento mucho, me educaron de una manera que mi posterior experiencia ha reafirmado como una verdad... a medias: Una historia es un ente vivo al que hay que escuchar. El éxito de la historia depende de ello, como bien sabe todo aquel que alguna vez se ha embarcado en una labor creativa. Este crítica, mismamente, que he comenzado con una idea que ya se ha perdido ni sé por dónde. Me da igual, me he dejado llevar, y punto. Mis dedos, mi cabeza, el putísimo martillo de las putísimas obras del vecino, Dios, el joven Papa o las declaraciones de Pedro Almodóvar. Lo que sea.

'Instinto' por contra da la sensación de que no lo ha hecho; de que se la ha privado la posibilidad de una evolución que la permita adoptar su verdadera forma. Al igual que con 'El embarcadero', el sexo sirve como reclamo aunque luego sea la pata de la mesa que cojea; tal vez, precisamente, por ser el elemento que se pregona a los cuatro vientos. Un thriller sexual con Mario Casas que, en lengua castellana, viene a ser como un thriller sobre "si le voy a ver o no la pilila a Mario Casas". Seamos sinceros porque somos como somos porque lo somos, nos guste o no.

No es casualidad que muchos perdiesen el interés por ver 'Under the Skin' una vez se filtró lo que se filtró antes de tiempo. 'Instinto' no le llega ni a la suela del zapato, del mismo modo que tampoco le llega a ese paradigma del thriller erótico que es 'Instinto básico'. Joe Eszterhas apunto, Paul Verhoeven disparó: En 'Instinto' Mario Casas se pasea con la misma cara de no saber que hace por ahí que Ben Affleck en 'Liga de la justicia'. Igual de cachas, pero sin desperdiciar la oportunidad de agradar a Pedro Almodóvar al no estar castrado como Batman.

'Instinto' pretende ser puro fuego pero si no lo es, es, precisamente, por su obstinación en serlo. Como ocurría con 'El embarcadero' (y en otras series de Bambú Producciones), es víctima de un propósito comercial que en cierto sentido "castra" su instinto como un ente vivo con algo que contar. No es casualidad que la serie crezca cuanto más se aleja del aroma a 'Eyes Wide Shut' que adorna su póster, del mismo modo que lo hagan aquellos personajes que piensan, y es un decir, más con la cabeza que con la entrepierna. Cuando parece que fluye en lugar de recorrer un camino.

'Instinto' ni es una mala ficción ni deja de tener su interés, especialmente, cuando a diferencia de 'El embarcadero', cuyo primer episodio era tan bueno como para que todo lo que viniese a continuación fuera claramente cuesta abajo, se va poniendo a tono según avanza. Es de hecho este leve pero consistente in crescendo lo que principalmente la sustenta dentro de su mundo, el de una ficción televisiva que no adquiere viva propia porque, a diferencia de las grandes series, no se deja llevar por sus instintos más nobles, sino por los de la etiqueta de marcado rápido.

Y es una lástima porque, como en casi todo, lo que subyace por debajo de la ropa es más interesante de lo que se acaba mostrando al mundo. 'Instinto' no deja de ser un producto resultón, con cierto lujo y una factura preciosista que no destaca, salvo para su público, por lo que le obligan a destacar, que es lo que acaba "castrando" la posibilidad de ser ese algo más que si fue por ejemplo 'Arde Madrid'. Esta, una producción que supo introducir el sexo como un elemento más de su discurso sin comprometer la naturaleza de lo que, en esencia, fue un largo verano de amor en lugar de una breve noche de sexo.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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