'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' - ¡La novia!
La gente no va a un concierto de Metallica para pedirles que bajen el volumen...
La cuarta y quinta película de Quentin Tarantino, tal y como fueron concebidas por el cineasta: como una sola. Después de la relativa decepción de la nunca bien ponderada 'Jackie Brown', los dos volúmenes de 'Kill Bill' asentaron a Tarantino como esa enciclopedia pop del cine de género que reconocemos hoy en día. La contención y mesura de la mencionada 'Jackie Brown' dieron paso a la que es la obra más apabullante, desatada, rabiosa y sí, caprichosa (juguetona y/o infantil) del cineasta norteamericano.
'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' es, en verdad, una sesión continúa con los dos "volúmenes" ya de sobra (re)conocidos. La auténtica (y única) película - aunque el "intermedio" siga dividiéndola en dos mitades bien diferenciadas. Los cambios son en realidad circunstanciales, incluso tan relativamente anecdóticos como en verdad lo puede ser la propia película, entendida, precisamente, como una historieta pulp que antes que contar una historia pretende erigirse en un símbolo. Pocas obras describen de forma tan clara y rotunda la naturaleza (consciente o no) de las obras de culto.
Cada plano de 'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' es icónico. Cada instante es cine en estado puro. 275 minutos de una eufórica y arrolladora orgía audiovisual que no tiene sentido, estando aquí su grandeza: la insondable magnificencia, genuina y sin filtros, con la que Tarantino, volcando (y mezclando) años y años de educación cinéfila en VHS con orgullo y desvergüenza, se la jugó a doble o nada. O puerta grande, o enfermería. Como un adolescente que empieza a coquetear con el arte de contar historias, encauzando su pasión a través de lo que precisamente la ha hecho ser lo que es.
Un lujo. Un espectáculo. Un evento. Una experiencia, tanto cinematográfica como en consecuencia religiosa para los que comulgamos con esta religión llamada (sala de) cine. 'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' es sin duda una de las obras más influyentes del cine contemporáneo. Un "yo estuve aquí" de un manual cuyos últimos capítulos, con su desaforada sensibilidad posmoderna y el incondicional apoyo de los Weinstein (que algo bueno hicieron), ha ayudado a escribir el propio Tarantino. Una de esas experiencias vitales que uno tiene la absoluta certeza que se llevará a la tumba.
Aun a pesar del propio Tarantino y de sus a partir de entonces habituales excesos de niño pijo mimado al que nadie sabe (ni quiere) decir que no. Aun a pesar de que a 'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' se le podrían recortar fácil al menos 30 minutos, lo que sin duda la beneficiaría como película... aunque no necesariamente como la desbordante y emblemática experiencia que aun así, y a diferencia de, por ejemplo, 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder', no se hace para nada pesada. Larga sí, porque lo es. Pero no pesada, siendo de hecho de una ligereza imponente (dada su duración).
Una ligereza imponente y de suntuoso regocijo durante sus 275 minutos de duración (incluyendo el intermedio). 275 minutos de una eufórica y arrolladora orgía audiovisual que no tiene mayor sentido que el disfrute lúdico de aquel al que no le importaría santiguarse al entrar a una sala de cine, si es que como creyente no lo hace ya. No es tanto que no se le puedan poner peros a 'Kill Bill: The Whole Bloody Affair' -como una grande y libre-, como que el propio filme -como experiencia indomable- demanda con su alegría, descaro y desprejuicio una predisposición prácticamente imberbe.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex








Personalmente, las tenía bastante recientes porque justo las vi hace unos meses pero eso no me ha quitado de disfrutarlas igualmente o más si cabe. Y poder jugar a adivinar todo lo que era metraje nuevo. No sé si es la mejor de Tarantino pero para mí es mi favorita y uno de, en general, mis films favoritos. Las más de cuatro horas se me pasaron volando.
La única cosa negativa a decir no pertenece a la obra. Y es que en el cine nos dicen que nos quedemos hasta el final de los créditos, que hay otro añadido animado y era la mierda esa de Fortnite. Entiendo que lo lanzarán por redes y lo metieran en el juego para captar a la juventud. Pero no me lo pongas como guinda de una obra tan majestuosa, por favor.
Coincido. Lo que más sorprende de esta versión es la imponencia del sonido. Es una gozada.
El por qué es la propia película, ya que ese desgaste e imperfección la emparentan aún más si cabe con el cine analógico al que homenajea. O con el recuerdo que tenemos del mismo. Leí -no recuerdo donde- que Tarantino no quiso corregirlo porque la película se sentía así más orgánica y auténtica.
Por lo que tengo entendido, si hay diferencia de calidad entre uno y otro volumen es porque aunque sólo hubiera seis meses de diferencia entre sus estrenos, el procesamiento de ambas fue distinto. La película se hizo en un momento complicado de la transición de lo analógico a lo digital, y para entendernos, el primero se llevó a cabo con una metodología poco desarrollada mientras que el segundo con una algo ya más asentada. De ahí que el acabo visual de la primera, visto ahora, sea algo más inconsistente que el de la segunda.